Héroes
Roberto Antonio Amador, Antonio Arroyo Ortiz, Miguel Ángel Cahuec Morán, Bonifacio de Paz Pérez y Rosalío Oxlaj Raxcacó podrían pasar a la historia como 5 víctimas más de la violencia. La diferencia es que ellos decidieron ponerse en la primera línea para combatirla e intentar que sus familias y los demás podamos vivir un día más tranquilos.
Sus familias deberían tener pensiones hasta que sus hijos tengan mayoría de edad y sus parejas envejezcan. Su sacrificio –puestos a combatir con desventaja sin uso de inteligencias policiales/militares- podría servir de acicate para doblar capacitaciones, salarios y prestaciones de los policías; quizás con parte del dinero que el ministro Gándara dio a Cohesión. Podría servir para que fuéramos un Estado que protege a sus protectores y les dieran al menos gorros pasamontañas a los agentes antinarcóticos o fuerzas élite para no exponerlos más.
Es que no podemos creer que esta guerra es sólo de la CICIG, los policías o de los gobernantes con sus incontables limitaciones o negligencias. El otro día fue víctima el colega Santiz, en México y Argentina están amenazando obispos (porque al menos Iglesia católica en América Latina sí fija una posición contra el narco y más males). Recuérdense la cantidad de políticos asesinados durante la campaña. O los empresarios amenazados por no ceder fincas para narcopistas.
Es una guerra que nos toca, y hay que pensar cómo enfrentarla. En México hay propuestas de legalización que van desde la dosis personal (hecha por el presidente Calderón) hasta legalización de toda la industria de la marihuana (hecha por el presidente del Congreso). Estamos en tiempos realistas, no de moralismos hipócritas que han logrado que el narco entrara hasta la cocina.
martinpellecer@gmail.com
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lunes, 27 de abril de 2009
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