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martes, 1 de septiembre de 2009

97. México... (y disculpa pública a Manola Castillo)

97. Wachik’aj

… y disculpa a Manola Castillo.

México y…

Es público que admiro a ciudades como Bogotá y Medellín o países como Brasil por lo que hicieron en los últimos 15 años para cambiar. En cambio, he sido escéptico hacia el México desde el 2000 por la forma en que tratan a nuestros compatriotas en la vida real y en su imaginario de nación. Pero este último año han dado pasos importantísimos de los que podemos aprender.

El último ha sido la despenalización de la droga para el consumo personal (no meterán a la cárcel a quienes encuentren con dosis mínimas de drogas, sino los mandarán a clínicas de tratamiento). Allá y acá, se encarcela a jóvenes por dosis mínimas de droga es en muchas ocasiones porque algún policía quiere sobornar y no le pagan, y entonces “encuentra mariguana” en el carro o en los bolsillos. En Europa y Suramérica ya hay un cambio (y pronto en EEUU) para tratar a los consumidores no como delincuentes sino como adictos, y enfocar las energías en perseguir a los narcotraficantes.

Contrario a lo que vociferan muchos cínicos, es más probable reducir el consumo de un adicto metiéndolo a una clínica que metiéndolo a la cárcel. Además, al final los adictos en las cárceles terminan siempre siendo los que no pueden pagar mordidas.

Otro golazo mexicano ha sido la creación de una policía investigadora y de inteligencia élite formada por jóvenes egresados de las universidades (con apoyo de las universidades). Atrayéndolos con buenos sueldos, con prestaciones, recordándoles su responsabilidad con sanear el Estado (contrario a lo que predican en Guatemala dos universidades, que ponen como misión a los alumnos destruir el Estado por “ser la causa de todos los males” o por “ser de la oligarquía”).

Esto además del combate frontal a los cárteles (con más fuerza que inteligencia y estrategia, pero combate al fin), del que podemos aprender de sus errores.

Eso a nivel federal. En el DF, diez años de gobiernos progresistas han significado más inversión social, más inversión en infraestructura, más transparencia, más equidad para las mujeres (tienen derecho a decidir la interrupción un embarazo), apropiación de espacios públicos por parte de la ciudadanía. En fin… aunque tenemos que somatar la mesa en temas como el de migrantes, también podemos aprender mucho de nuestros hermanos mesoamericanos del Norte.

PS. Disculpa pública. El 3 de agosto de 2005, cuando cubría como reportero la cancillería, escribí una nota mostrando casos nepotismo en la administración de Jorge Briz. Entre ellas mencioné a Manola Castillo, ex compañera mía de licenciatura en Relaciones Internacionales, quien con 27 años era subdirectora general de cancillería.

En ese momento no me pareció bien que “por ser hija de otro ministro” la colocaran en ese puesto y no en uno más bajo como a otros compañeros míos que empezaban su carrera diplomática. Cuando pregunté en cancillería no me respondieron nada y la única apelación fue de un familiar mío, amigo de ese otro ministro, que me llamó diciendo que la quitara de la nota por ser mi amiga, a lo cual me negué.

Cuatro años después me entero por colegas de ella que el puesto de subdirectora no fue su primero en Cancillería sino fue un ascenso por su buen desempeño; además de tener las capacidades académicas. Por eso quiero ofrecerle disculpas públicas por haber puesto una mancha en su currículo. Lo siento mucho Manola.

martinpellecer@gmail.com

martes, 9 de junio de 2009

86. ¿Y ahora? ¿Qué hacemos con el ejército en Guatemala?

Tenemos la capacidad para fijarnos en cualquier detalle que abone en el pesimismo, en ver el más mínimo error o estupidez en el otro para denunciar lo irredimible de su condición; casi todos los que tienen acceso al micrófono son especialistas en ver el vaso medio vacío. Pero esta semana nadie dijo ni pío por un escándalo casi tan fuerte como el asesinato de Rodrigo Rosenberg.

Resulta que los narcos matan policías del Ministerio de Gobernación con armas del Ministerio de la Defensa de Guatemala, del ejército. El excelente artículo de Luis Ángel Sas en elPeriódico la semana pasada nos recordó que cuando despertamos, el dinosaurio sigue ahí. El 24 de abril, cinco policías fueron asesinados por narcotraficantes cuando buscaban incautar cocaína y un arsenal inmenso. Pues era de Industria Militar Guatemalteca.

“Ah, es que nos lo robaron”, respondió el ministro Valenzuela. Ajá. Pero no lo denunciaron en el Ministerio Público “porque es un delito militar”. Si pues. Para robarse ese arsenal de las instalaciones del Ministerio de la Defensa, sin disparar una sola bala, seguramente hubo un par de soldados chispudos, ¿no? Ningún mayor ni capitán ni general ni ex general estuvo metido. No, nada que ver. Si los militares son los que nos brindarán seguridad y salvarán al país de los narcos. Y sobre este incidente, todos nos quedamos callados y acá no pasó nada.

El caso es tan escandalosamente grave y la ausencia de ninguna reacción hasta el lunes por la mañana por parte del comandante general del Ejército, don Álvaro Colom, ni de ningún diputado de oposición, ni del CACIF, ni de absolutamente nadie, que uno tiene que recurrir a cinismos para describirlo.

El Instituto Brookings, el think tank más importante del mundo, describía en su análisis sobre Guatemalastán (o sea, nosotros), que el narcotráfico en el país siempre ha contado con la complicidad del ejército de Guatemala. Le cedieron a los cárteles las estructuras del contrabando –que sólo el gobierno de Álvaro Arzú se atrevió a combatir-, le prestaron la pista de la Base Militar de Zacapa hace un par de años –otro hecho que nadie comentó- y ahora “dejan que les roben armas”, por no decir que se las facilitan. Si yo fuera militar, me daría vergüenza. Como soy un ciudadano, me indigna y escribo una columna para intentar contagiar de mi indignación a las autoridades de mi Estado.

¿Y ahora? A la PNC se le depura hace años y ahora la CICIG ya puede trabajar con un equipo de investigación. A los jueces y fiscales corruptos al fin los estamos fiscalizando con ayuda de CICIG. Al Congreso lo fiscalizamos hasta convertirlo en cenizas (con la complicidad de los tantos corruptos y clientelares diputados), al mediocre Gobierno de la UNE le impedimos gobernar… y ¿al ejército?

¿Vencieron militarmente a la guerrilla para darle el país a los narcos?

¿Y ahora? ¿Los militares probos van a depurar su ejército? ¿Va a dejar el presidente Colom de repetir la mentira de que fue porque se redujo el ejército que entró el narcotráfico? ¿Le pedimos a la Cicig que nos eche una mano para depurarlo? ¿Pondrá el ministro Valenzuela a disposición de los tribunales a los militares responsables del robo? ¿Interpelará al ministro el Partido Patriota (o aunque sea los populistas de Lider)? ¿O le pedimos a los gringos y a la ONU que intervengan? Aló… ¿hay alguien ahí?

martinpellecer@gmail.com

lunes, 27 de abril de 2009

80.1. Héroes, policías anti-narco asesinados

Héroes

Roberto Antonio Amador, Antonio Arroyo Ortiz, Miguel Ángel Cahuec Morán, Bonifacio de Paz Pérez y Rosalío Oxlaj Raxcacó podrían pasar a la historia como 5 víctimas más de la violencia. La diferencia es que ellos decidieron ponerse en la primera línea para combatirla e intentar que sus familias y los demás podamos vivir un día más tranquilos.

Sus familias deberían tener pensiones hasta que sus hijos tengan mayoría de edad y sus parejas envejezcan. Su sacrificio –puestos a combatir con desventaja sin uso de inteligencias policiales/militares- podría servir de acicate para doblar capacitaciones, salarios y prestaciones de los policías; quizás con parte del dinero que el ministro Gándara dio a Cohesión. Podría servir para que fuéramos un Estado que protege a sus protectores y les dieran al menos gorros pasamontañas a los agentes antinarcóticos o fuerzas élite para no exponerlos más.

Es que no podemos creer que esta guerra es sólo de la CICIG, los policías o de los gobernantes con sus incontables limitaciones o negligencias. El otro día fue víctima el colega Santiz, en México y Argentina están amenazando obispos (porque al menos Iglesia católica en América Latina sí fija una posición contra el narco y más males). Recuérdense la cantidad de políticos asesinados durante la campaña. O los empresarios amenazados por no ceder fincas para narcopistas.

Es una guerra que nos toca, y hay que pensar cómo enfrentarla. En México hay propuestas de legalización que van desde la dosis personal (hecha por el presidente Calderón) hasta legalización de toda la industria de la marihuana (hecha por el presidente del Congreso). Estamos en tiempos realistas, no de moralismos hipócritas que han logrado que el narco entrara hasta la cocina.

martinpellecer@gmail.com

lunes, 6 de abril de 2009

77. Guerra contra mafias (Guatemala como México)

¿Lejos o cerca?
El camino contra las mafias es la única vía para salir de la oscuridad.

Este mes ha sido en el que más veces he respondido para explicar cómo está Guatemala que lo más parecido es México y su guerra contra los narcos. Sólo que México pone su ejército y lo rescatable de su Estado y se dirige a los narcos y los corruptos; y nosotros ponemos nuestra CICIG, PDH, sociedad civil y algunas partes rescatables de nuestro Estado y nos dirigimos a los narcos y a lo que resta de los grupos paralelos de las dictaduras enquistados en el Estado y las tinieblas.

El desafío es el mismo: salvar a los ciudadanos y al Estado del narcotráfico y sus grupos paralelos. Y el costo es el mismo: muchas muertes y la postergación del avance en muchas tareas y debates pendientes… sociales, económicos, nacionales. Colombia sobrevivió en los años 90.

Sin embargo, no creo que nos estemos alejando de la meta, de la orilla. Creo que nos alejábamos cuando en 2000 el gobierno de Portillo-FRG le abrió las puertas de par en par a las mafias o cuando el gobierno de Arzú empezó con cuerpos paralelos antisecuestros que se le salieron de las manos. O cuando se dejaron 9 meses sin incautar un gramo de cocaína con el gobierno de Berger o cuando no estaba la CICIG y no teníamos la capacidad para empezar a enfrentar a nuestros demonios, a los mafiosos incrustados en nuestro Estado y nuestra sociedad.

Por cierto, la CICIG –y no EEUU- bien podría investigar junto al MP el secuestro de Gladys Monterroso; si para eso está, para investigar junto a nosotros, en nuestros tribunales.
Es tranquilizador darnos cuenta que tenemos una reserva moral y líderes como Sergio Morales, Nineth Montenegro, Hellen Mack, etc. Es tranquilizador saber que los ciudadanos podemos lograr que nuestro Congreso responda y apruebe una ley de armas y municiones decente (sí, es una vaina que hayan mantenido los privilegios para funcionarios, pero no perdamos el bosque por un árbol, es una buena ley, consensuada con la sociedad civil y aprobada por unanimidad).
Eso sí, es preocupante la falta de otros líderes. ¿Qué hace el alcalde Arzú, por ejemplo? Podría liderar un esfuerzo de los alcaldes del departamento de Guatemala para invertir masivamente en los barrios marginales. ¿Qué hace Harold Caballeros? ¿Qué hace Otto Pérez además de mandar mensajes enojado? ¿Qué hacen las universidades nacional y privadas además del esfuerzo contraproducente para debilitar (o dinamitar) al enclenque Estado con la ortodoxa propuesta de ProReforma? ¿Cuándo empezará el Presidente Colom a liderar sin victimizarse?

Sí, hay miedo en el ambiente. Pero me topé con un artículo en El País para usarlo como receta. “El miedo nos ofrece enseñanzas para el futuro, como la figura del espantapájaros. En una primera lectura, el espantapájaros asusta a los pájaros. Pero si en lugar de salir huyendo, el ave decide acercarse, entonces se abre una tercera fase. `Cuando el miedo ha desaparecido tiene lugar una verdadera revelación: el espantapájaros no es un peligro, sino una oportunidad, ya que nos señala con precisión el lugar en el que podemos encontrar alimento. Por un baile de letras el miedo se ha convertido en el medio´, explica J. Peradejordi.

Este juego de palabras nos revela algo altamente provocador: el miedo indica dónde se halla el tesoro. Cada temor descubre un aspecto no resuelto del que debemos ocuparnos. Así como los pájaros se nutren de los sembrados, el alimento de nuestro futuro es despejar las brumas que no nos dejan ver con claridad el horizonte”.

Nuestro espantapájaros tiene gusanos que pican al apoyarse en él. Pero tenemos con qué enfrentarlos y están preocupados. Si no, no reaccionarían como lo hacen.

martinpellecer@gmail.com

lunes, 2 de marzo de 2009

72. Guatemala, Estado fallido

No llegaremos a ser un Estado fallido, pero tenemos que lograr ser uno sólido y decente; la Cicig nos ayudará.

¿Estado fallido?

“Guatemala está a punto de ser un Estado fallido”. Suena como a “Guatemala está a punto de irse al infierno y morirse ahí”. Creo que sólo nos bloquea la cabeza y nos impide trabajar para mejorar la grave situación de nuestro Estado, de nuestros ciudadanos.

Primero, el infierno no existe. Es un estado mental. Segundo, Estado fallido es un concepto que inventaron quienes creían que era telelógico y fácil el paso de un Estado autoritario a uno democrático con justicia.

Es muy fácil describirnos así si alguien viene de Estados europeos a los que les costó 200 años ser exitosos y lleva dos meses en este país. Sí, podemos parecer un “Estado fallido”. Eso si la vida fuera monolíticamente blanca y negra y no de colores y si hasta hace 24 años sí hubiéramos tenido un Estado exitoso. Entre 1954 y 1984 vivimos bajo dictaduras que dejaron a dos tercios de los ciudadanos bajo la pobreza, que asesinaron a 200 mil ciudadanos y desaparecieron a 50 mil ciudadanos. ¿Eso era un Estado? ¿Exitoso? Para muchos diplomáticos y conservadores guatemaltecos seguramente era.

Ciertamente un Estado con unos 56 por ciento de pobres y donde mueren de forma violenta en un año más de 5 mil ciudadanos tampoco es exitoso. Pero no es fracasado. Fracaso es igual a muerte imaginaria. Y estamos vivos. Hay policías que depuran policías y rescatan secuestrados, hay buenos políticos, burócratas y profesores que intentan construir silenciosamente más Estado y ciudadanos, bomberos que reciben fondos públicos para salvar ciudadanos, ciudadanos que pagan a tiempo sus impuestos y no tiran la basura en la calle. Periodistas valientes que fiscalizan y critican. Testigos que no se amedrentan. Líderes que denuncian y proponen.

Hace 28 años nadie hubiera imaginado tendríamos democracia a prueba de desencantos, intimidaciones y eferregismo. Que podríamos ejercitar la libre expresión en la capital. Que en un parlamento podrían sentarse ex guerrilleros y ex militares, finqueros democráticos y mujeres indígenas con su traje y un súper currículo, y debatir.

Siempre podemos animarnos a pisar fuerte. A ir contra la corriente de la impunidad y prolongar la presencia de la Cicig otros dos años porque la necesitamos y es una mano gratis y valiente que nos dan de fuera. A ir contra la corriente de asnos (que creen que con pistolas habrá paz) y prohibir la portación de armas en las calles (dejarla sólo en las casas o los agentes de seguridad, por ejemplo). A ir contra la corriente del narcotráfico y construir ciudadanos que encuentren ilegítimo e indigno enriquecerse de un día a otro a costa de matar gente.

La Cicig puede ser una de las pocas luces al final del túnel. El simple hecho de que ya puedan trabajar con una parte de la policía y que encaren a jueces, fiscales y políticos mafiosos es un motivo de esperanza.

Y podemos imaginarnos no como un Estado fallido, fracasado, sino como uno frágil que tenemos que convertir en sólido con ciudadanía y justicia, por nosotros y nuestros hijos. Uno débil pero “resilente” (que es esa característica de algunas plantas o de muchos niños de salir fortalecido de las adversidades). O bien podemos seguir con ese discurso tan científico, apagar las luces e irnos para siempre los que podamos. Yo trabajaré por la primera opción.
martinpellecer@gmail.com