PS. Gracias CICIG, MP, PNC, Ejército por devolvernos el orgullo para buscar justicia.
Istmania
Este 15 de septiembre podría ayudar a nuestra maltrecha autoestima nacional con moivos reales para sentirnos orgullosos, pero puede servir para rescatar el sueño de Juan José Arévalo de la creación de Istmania, la República Federal de Centroamérica, empezando por la unión de los Estados de Guatemala y El Salvador.
En septiembre de 1946, los presidentes de Guatemala y El Salvador firmaron el tratado para la creación de la Federación. Estos son los puntos que escribió Arévalo en su obra Despacho Presidencial: Cada país mantendría su autonomía y su Congreso, pero se creará un Senado Federal con igual número de representantes por Estado. Los presidentes de cada Estado se mantienen como Jefes de Estado y se les prohíbe presentarse en diez años tras su mandato a la Presidencia de la Federación. En 2010 podríamos diseñar las capacidades de ese Senado.
Las primeras acciones son convocar a Asambleas Nacional Constituyentes –que ahora podría hacerse en una reforma constitucional por referendum, esa sí y no las babosadas de ProReforma- para legitimar a la República Federal. Mientras tanto, se ordena a los cuerpos diplomáticos y consulares de El Salvador y Guatemala actuar en conjunto para en un futuro próximo fusionar las embajadas.
Para materializar la Unión, el Tratado reza que se establecerán comisiones para unificar los ejércitos, los ministerios de Finanzas, las policías, los ministerios de Educación, las monedas, la legislación penal y así progresivamente los dos Estados. Se eliminan las fronteras y las aduanas y se crea el pasaporte centroamericano. Un arancel común y una nacionalidad común. Y un órgano asesor para la transición de los Estados separados a los Estados federados. Y cuando Honduras, Nicaragua, Costa Rica, (y ahora Panamá, República Dominicana y Belice) se quieran unir, pues bienvenidos.
El proyecto puede parecer utópico, pero el puente para llegar a esa tierra que se llama Istmania se llama voluntad política y visión. Un mercado de casi 20 millones de personas, una ciudadanía de casi 20 millones de personas, un ejemplo de civilización, la unión de energías para los desafíos comunes de pobreza, inseguridad, narcotráfico, democracia plena… una materialización del sueño centroamericano de 188 años.
Las condiciones son iguales que hace 63 años cuando Arévalo y la Revolución tomaron esa decisión. Claro, da más para soñar el gobierno que realmente es de centroizquierda y popular de El Salvador que nuestro gobierno de dizque izquierda, pero al menos en el discurso tienen la integración política. El gobierno de Berger al menos aceleró la integración comercial –bloqueada por los empresarios salvadoreños-, ahora los gobiernos "más progres" deberían avanzar en la parte política. El canciller Rodas tiene un año más para heredarnos a los centroamericanos una plataforma para la integración. Inshalá nos alcancen las energías.
PS. Qué orgullo saber que guatemaltecos nos inventamos una CICIG, la hacemos funcionar y la comunidad internacional (esa Santa Inquisición) nos apoye. Y hemos logrado juntos que 247 investigadores guatemaltecos de CICIG, MP, PNC y ejército y 13 extranjeros hayan capturado con pruebas científicas después de 4 meses a los principales sospechosos del asesinato material de Rodrigo Rosenberg. ¡Adelante!
martinpellecer@gmail.com
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viernes, 18 de septiembre de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
77. Guerra contra mafias (Guatemala como México)
¿Lejos o cerca?
El camino contra las mafias es la única vía para salir de la oscuridad.
Este mes ha sido en el que más veces he respondido para explicar cómo está Guatemala que lo más parecido es México y su guerra contra los narcos. Sólo que México pone su ejército y lo rescatable de su Estado y se dirige a los narcos y los corruptos; y nosotros ponemos nuestra CICIG, PDH, sociedad civil y algunas partes rescatables de nuestro Estado y nos dirigimos a los narcos y a lo que resta de los grupos paralelos de las dictaduras enquistados en el Estado y las tinieblas.
El desafío es el mismo: salvar a los ciudadanos y al Estado del narcotráfico y sus grupos paralelos. Y el costo es el mismo: muchas muertes y la postergación del avance en muchas tareas y debates pendientes… sociales, económicos, nacionales. Colombia sobrevivió en los años 90.
Sin embargo, no creo que nos estemos alejando de la meta, de la orilla. Creo que nos alejábamos cuando en 2000 el gobierno de Portillo-FRG le abrió las puertas de par en par a las mafias o cuando el gobierno de Arzú empezó con cuerpos paralelos antisecuestros que se le salieron de las manos. O cuando se dejaron 9 meses sin incautar un gramo de cocaína con el gobierno de Berger o cuando no estaba la CICIG y no teníamos la capacidad para empezar a enfrentar a nuestros demonios, a los mafiosos incrustados en nuestro Estado y nuestra sociedad.
Por cierto, la CICIG –y no EEUU- bien podría investigar junto al MP el secuestro de Gladys Monterroso; si para eso está, para investigar junto a nosotros, en nuestros tribunales.
Es tranquilizador darnos cuenta que tenemos una reserva moral y líderes como Sergio Morales, Nineth Montenegro, Hellen Mack, etc. Es tranquilizador saber que los ciudadanos podemos lograr que nuestro Congreso responda y apruebe una ley de armas y municiones decente (sí, es una vaina que hayan mantenido los privilegios para funcionarios, pero no perdamos el bosque por un árbol, es una buena ley, consensuada con la sociedad civil y aprobada por unanimidad).
Eso sí, es preocupante la falta de otros líderes. ¿Qué hace el alcalde Arzú, por ejemplo? Podría liderar un esfuerzo de los alcaldes del departamento de Guatemala para invertir masivamente en los barrios marginales. ¿Qué hace Harold Caballeros? ¿Qué hace Otto Pérez además de mandar mensajes enojado? ¿Qué hacen las universidades nacional y privadas además del esfuerzo contraproducente para debilitar (o dinamitar) al enclenque Estado con la ortodoxa propuesta de ProReforma? ¿Cuándo empezará el Presidente Colom a liderar sin victimizarse?
Sí, hay miedo en el ambiente. Pero me topé con un artículo en El País para usarlo como receta. “El miedo nos ofrece enseñanzas para el futuro, como la figura del espantapájaros. En una primera lectura, el espantapájaros asusta a los pájaros. Pero si en lugar de salir huyendo, el ave decide acercarse, entonces se abre una tercera fase. `Cuando el miedo ha desaparecido tiene lugar una verdadera revelación: el espantapájaros no es un peligro, sino una oportunidad, ya que nos señala con precisión el lugar en el que podemos encontrar alimento. Por un baile de letras el miedo se ha convertido en el medio´, explica J. Peradejordi.
Este juego de palabras nos revela algo altamente provocador: el miedo indica dónde se halla el tesoro. Cada temor descubre un aspecto no resuelto del que debemos ocuparnos. Así como los pájaros se nutren de los sembrados, el alimento de nuestro futuro es despejar las brumas que no nos dejan ver con claridad el horizonte”.
Nuestro espantapájaros tiene gusanos que pican al apoyarse en él. Pero tenemos con qué enfrentarlos y están preocupados. Si no, no reaccionarían como lo hacen.
martinpellecer@gmail.com
El camino contra las mafias es la única vía para salir de la oscuridad.
Este mes ha sido en el que más veces he respondido para explicar cómo está Guatemala que lo más parecido es México y su guerra contra los narcos. Sólo que México pone su ejército y lo rescatable de su Estado y se dirige a los narcos y los corruptos; y nosotros ponemos nuestra CICIG, PDH, sociedad civil y algunas partes rescatables de nuestro Estado y nos dirigimos a los narcos y a lo que resta de los grupos paralelos de las dictaduras enquistados en el Estado y las tinieblas.
El desafío es el mismo: salvar a los ciudadanos y al Estado del narcotráfico y sus grupos paralelos. Y el costo es el mismo: muchas muertes y la postergación del avance en muchas tareas y debates pendientes… sociales, económicos, nacionales. Colombia sobrevivió en los años 90.
Sin embargo, no creo que nos estemos alejando de la meta, de la orilla. Creo que nos alejábamos cuando en 2000 el gobierno de Portillo-FRG le abrió las puertas de par en par a las mafias o cuando el gobierno de Arzú empezó con cuerpos paralelos antisecuestros que se le salieron de las manos. O cuando se dejaron 9 meses sin incautar un gramo de cocaína con el gobierno de Berger o cuando no estaba la CICIG y no teníamos la capacidad para empezar a enfrentar a nuestros demonios, a los mafiosos incrustados en nuestro Estado y nuestra sociedad.
Por cierto, la CICIG –y no EEUU- bien podría investigar junto al MP el secuestro de Gladys Monterroso; si para eso está, para investigar junto a nosotros, en nuestros tribunales.
Es tranquilizador darnos cuenta que tenemos una reserva moral y líderes como Sergio Morales, Nineth Montenegro, Hellen Mack, etc. Es tranquilizador saber que los ciudadanos podemos lograr que nuestro Congreso responda y apruebe una ley de armas y municiones decente (sí, es una vaina que hayan mantenido los privilegios para funcionarios, pero no perdamos el bosque por un árbol, es una buena ley, consensuada con la sociedad civil y aprobada por unanimidad).
Eso sí, es preocupante la falta de otros líderes. ¿Qué hace el alcalde Arzú, por ejemplo? Podría liderar un esfuerzo de los alcaldes del departamento de Guatemala para invertir masivamente en los barrios marginales. ¿Qué hace Harold Caballeros? ¿Qué hace Otto Pérez además de mandar mensajes enojado? ¿Qué hacen las universidades nacional y privadas además del esfuerzo contraproducente para debilitar (o dinamitar) al enclenque Estado con la ortodoxa propuesta de ProReforma? ¿Cuándo empezará el Presidente Colom a liderar sin victimizarse?
Sí, hay miedo en el ambiente. Pero me topé con un artículo en El País para usarlo como receta. “El miedo nos ofrece enseñanzas para el futuro, como la figura del espantapájaros. En una primera lectura, el espantapájaros asusta a los pájaros. Pero si en lugar de salir huyendo, el ave decide acercarse, entonces se abre una tercera fase. `Cuando el miedo ha desaparecido tiene lugar una verdadera revelación: el espantapájaros no es un peligro, sino una oportunidad, ya que nos señala con precisión el lugar en el que podemos encontrar alimento. Por un baile de letras el miedo se ha convertido en el medio´, explica J. Peradejordi.
Este juego de palabras nos revela algo altamente provocador: el miedo indica dónde se halla el tesoro. Cada temor descubre un aspecto no resuelto del que debemos ocuparnos. Así como los pájaros se nutren de los sembrados, el alimento de nuestro futuro es despejar las brumas que no nos dejan ver con claridad el horizonte”.
Nuestro espantapájaros tiene gusanos que pican al apoyarse en él. Pero tenemos con qué enfrentarlos y están preocupados. Si no, no reaccionarían como lo hacen.
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lunes, 2 de marzo de 2009
72. Guatemala, Estado fallido
No llegaremos a ser un Estado fallido, pero tenemos que lograr ser uno sólido y decente; la Cicig nos ayudará.
¿Estado fallido?
“Guatemala está a punto de ser un Estado fallido”. Suena como a “Guatemala está a punto de irse al infierno y morirse ahí”. Creo que sólo nos bloquea la cabeza y nos impide trabajar para mejorar la grave situación de nuestro Estado, de nuestros ciudadanos.
Primero, el infierno no existe. Es un estado mental. Segundo, Estado fallido es un concepto que inventaron quienes creían que era telelógico y fácil el paso de un Estado autoritario a uno democrático con justicia.
Es muy fácil describirnos así si alguien viene de Estados europeos a los que les costó 200 años ser exitosos y lleva dos meses en este país. Sí, podemos parecer un “Estado fallido”. Eso si la vida fuera monolíticamente blanca y negra y no de colores y si hasta hace 24 años sí hubiéramos tenido un Estado exitoso. Entre 1954 y 1984 vivimos bajo dictaduras que dejaron a dos tercios de los ciudadanos bajo la pobreza, que asesinaron a 200 mil ciudadanos y desaparecieron a 50 mil ciudadanos. ¿Eso era un Estado? ¿Exitoso? Para muchos diplomáticos y conservadores guatemaltecos seguramente era.
Ciertamente un Estado con unos 56 por ciento de pobres y donde mueren de forma violenta en un año más de 5 mil ciudadanos tampoco es exitoso. Pero no es fracasado. Fracaso es igual a muerte imaginaria. Y estamos vivos. Hay policías que depuran policías y rescatan secuestrados, hay buenos políticos, burócratas y profesores que intentan construir silenciosamente más Estado y ciudadanos, bomberos que reciben fondos públicos para salvar ciudadanos, ciudadanos que pagan a tiempo sus impuestos y no tiran la basura en la calle. Periodistas valientes que fiscalizan y critican. Testigos que no se amedrentan. Líderes que denuncian y proponen.
Hace 28 años nadie hubiera imaginado tendríamos democracia a prueba de desencantos, intimidaciones y eferregismo. Que podríamos ejercitar la libre expresión en la capital. Que en un parlamento podrían sentarse ex guerrilleros y ex militares, finqueros democráticos y mujeres indígenas con su traje y un súper currículo, y debatir.
Siempre podemos animarnos a pisar fuerte. A ir contra la corriente de la impunidad y prolongar la presencia de la Cicig otros dos años porque la necesitamos y es una mano gratis y valiente que nos dan de fuera. A ir contra la corriente de asnos (que creen que con pistolas habrá paz) y prohibir la portación de armas en las calles (dejarla sólo en las casas o los agentes de seguridad, por ejemplo). A ir contra la corriente del narcotráfico y construir ciudadanos que encuentren ilegítimo e indigno enriquecerse de un día a otro a costa de matar gente.
La Cicig puede ser una de las pocas luces al final del túnel. El simple hecho de que ya puedan trabajar con una parte de la policía y que encaren a jueces, fiscales y políticos mafiosos es un motivo de esperanza.
Y podemos imaginarnos no como un Estado fallido, fracasado, sino como uno frágil que tenemos que convertir en sólido con ciudadanía y justicia, por nosotros y nuestros hijos. Uno débil pero “resilente” (que es esa característica de algunas plantas o de muchos niños de salir fortalecido de las adversidades). O bien podemos seguir con ese discurso tan científico, apagar las luces e irnos para siempre los que podamos. Yo trabajaré por la primera opción.
martinpellecer@gmail.com
¿Estado fallido?
“Guatemala está a punto de ser un Estado fallido”. Suena como a “Guatemala está a punto de irse al infierno y morirse ahí”. Creo que sólo nos bloquea la cabeza y nos impide trabajar para mejorar la grave situación de nuestro Estado, de nuestros ciudadanos.
Primero, el infierno no existe. Es un estado mental. Segundo, Estado fallido es un concepto que inventaron quienes creían que era telelógico y fácil el paso de un Estado autoritario a uno democrático con justicia.
Es muy fácil describirnos así si alguien viene de Estados europeos a los que les costó 200 años ser exitosos y lleva dos meses en este país. Sí, podemos parecer un “Estado fallido”. Eso si la vida fuera monolíticamente blanca y negra y no de colores y si hasta hace 24 años sí hubiéramos tenido un Estado exitoso. Entre 1954 y 1984 vivimos bajo dictaduras que dejaron a dos tercios de los ciudadanos bajo la pobreza, que asesinaron a 200 mil ciudadanos y desaparecieron a 50 mil ciudadanos. ¿Eso era un Estado? ¿Exitoso? Para muchos diplomáticos y conservadores guatemaltecos seguramente era.
Ciertamente un Estado con unos 56 por ciento de pobres y donde mueren de forma violenta en un año más de 5 mil ciudadanos tampoco es exitoso. Pero no es fracasado. Fracaso es igual a muerte imaginaria. Y estamos vivos. Hay policías que depuran policías y rescatan secuestrados, hay buenos políticos, burócratas y profesores que intentan construir silenciosamente más Estado y ciudadanos, bomberos que reciben fondos públicos para salvar ciudadanos, ciudadanos que pagan a tiempo sus impuestos y no tiran la basura en la calle. Periodistas valientes que fiscalizan y critican. Testigos que no se amedrentan. Líderes que denuncian y proponen.
Hace 28 años nadie hubiera imaginado tendríamos democracia a prueba de desencantos, intimidaciones y eferregismo. Que podríamos ejercitar la libre expresión en la capital. Que en un parlamento podrían sentarse ex guerrilleros y ex militares, finqueros democráticos y mujeres indígenas con su traje y un súper currículo, y debatir.
Siempre podemos animarnos a pisar fuerte. A ir contra la corriente de la impunidad y prolongar la presencia de la Cicig otros dos años porque la necesitamos y es una mano gratis y valiente que nos dan de fuera. A ir contra la corriente de asnos (que creen que con pistolas habrá paz) y prohibir la portación de armas en las calles (dejarla sólo en las casas o los agentes de seguridad, por ejemplo). A ir contra la corriente del narcotráfico y construir ciudadanos que encuentren ilegítimo e indigno enriquecerse de un día a otro a costa de matar gente.
La Cicig puede ser una de las pocas luces al final del túnel. El simple hecho de que ya puedan trabajar con una parte de la policía y que encaren a jueces, fiscales y políticos mafiosos es un motivo de esperanza.
Y podemos imaginarnos no como un Estado fallido, fracasado, sino como uno frágil que tenemos que convertir en sólido con ciudadanía y justicia, por nosotros y nuestros hijos. Uno débil pero “resilente” (que es esa característica de algunas plantas o de muchos niños de salir fortalecido de las adversidades). O bien podemos seguir con ese discurso tan científico, apagar las luces e irnos para siempre los que podamos. Yo trabajaré por la primera opción.
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