¿Cuándo ha valido algo la vida de la mayoría en Guatemala? Clamores equivocados y más ingobernabilidad.
Sin valores
La situación está grave porque se perdieron los valores entonces hay que poner Estado de Sitio, sacar a los militares a las calles y aplicar la pena de muerte. ¿Quién es el responsable? Los otros, porque son tan incivilizados que necesitan de garrote para poder convivir. Creo que los motivos y las soluciones van un poco más allá.
No es que estemos mal porque de un día a otro se perdieron los valores. Lo que pasa es que siempre los predicamos pero nunca los practicamos. Durante décadas nos enseñaron y aceptamos que la vida de los guatemaltecos no vale nada. No han valido nada –o han valido menos- las vidas de los indígenas, los pobres, los izquierdistas, valen menos las mujeres que los hombres.
¿Y eso es de ahora? ¿O será desde tiempos de Lucas García y Ríos Montt? ¿O desde Ubico? ¿O en la relación cotidiana en la relación ciudad-campo? ¿O en la blanco-mestizo-indígena? ¿O en la de hombre-mujer? ¿O será que son años de que nos han enseñado esto? Durante las dictaduras militares, ¿la vida valía algo? Si un estudiante o sindicalista hacía un reclamo de mejoras laborales, ¿su vida valía algo? Si una mujer indígena en el campo tenía que trabajar como esclava para el finquero o para su marido, ¿valía (o vale) de algo su reclamo? ¿Vale algo la vida del niño de la calle en la Ciudad de Guatemala –esos que después se vuelven sicarios-? A ver, mirémonos al espejo. Miremos una película de nosotros mismos como sociedad durante los últimos 60 años. Y no nos sorprendamos de lo que tenemos hoy.
Miramos después a ese pandillero Smáili y le preguntamos a qué le teme, qué siente al matar. Sí, es espeluznante que una persona pueda llegar a ser así con 22 años. Pero podríamos preguntarle cómo fue su niñez, cuántas veces lo violaron, cuántas veces durmió sin techo, cuánto odio le dieron toda su vida para construir ese monstruo. Cuántas escuelas le faltaron, cuántos hospitales, cuántas mamás y papás. ¿Cuántos pandilleros más estamos creando ahora y nos van a quitar más vidas dentro de 5 años, dentro de 10 años?
Y entonces hay que poner Estado de Sitio, la pena de muerte y mano dura y matar a medio mundo, ¿no? Seguir con la cultura de que acá la vida no vale nada. Como si matando a los pandilleros de hoy fueran a lograr que no hayan más mañana sin dar alternativas a los barrios marginales de la Ciudad. Y si alguien propone alguna cosa que no sea ésta, a entrarle a la espinilla.
La medida de que no puedan viajar más de dos personas en moto para combatir a los sicarios no es la panacea, pero sí es la primera medida seria en seguridad del ministro Gándara. A mí me parece acertada.
Todos clamamos por medidas urgentes contra la violencia. 60 por ciento de los asesinatos son cometidos por sicarios en motos. Los sicarios, para poder escapar con más facilidad, operan en motocicleta. Y el único ejemplo de haberlo combatido exitosamente es Colombia. Eso fue lo que hicieron; medidas duras como un pasajero por moto.
Sí, la medida joderá a muchas personas que usan la moto para llevar a sus esposas o hijos. Mejorémosla. Pero que arruinará a los importadores de motos: Mentira. Especulación. O a las empresas de seguridad: Mentira. Si muchas hacen que sus explotados empleados se vayan en bus a trabajar con las grandes pistolas. O que la medida hace que sicarios se rían y manden e-mails a colegas columnistas (que se los creen)… sin comentarios.
Creo que nos hace falta reflexionar sobre nosotros mismos, ser menos hipócritas y practicar más los valores que predicamos para salir de este agujero. Al país le vendría bien.
martinpellecer@gmail.com
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martes, 21 de abril de 2009
lunes, 6 de abril de 2009
77. Guerra contra mafias (Guatemala como México)
¿Lejos o cerca?
El camino contra las mafias es la única vía para salir de la oscuridad.
Este mes ha sido en el que más veces he respondido para explicar cómo está Guatemala que lo más parecido es México y su guerra contra los narcos. Sólo que México pone su ejército y lo rescatable de su Estado y se dirige a los narcos y los corruptos; y nosotros ponemos nuestra CICIG, PDH, sociedad civil y algunas partes rescatables de nuestro Estado y nos dirigimos a los narcos y a lo que resta de los grupos paralelos de las dictaduras enquistados en el Estado y las tinieblas.
El desafío es el mismo: salvar a los ciudadanos y al Estado del narcotráfico y sus grupos paralelos. Y el costo es el mismo: muchas muertes y la postergación del avance en muchas tareas y debates pendientes… sociales, económicos, nacionales. Colombia sobrevivió en los años 90.
Sin embargo, no creo que nos estemos alejando de la meta, de la orilla. Creo que nos alejábamos cuando en 2000 el gobierno de Portillo-FRG le abrió las puertas de par en par a las mafias o cuando el gobierno de Arzú empezó con cuerpos paralelos antisecuestros que se le salieron de las manos. O cuando se dejaron 9 meses sin incautar un gramo de cocaína con el gobierno de Berger o cuando no estaba la CICIG y no teníamos la capacidad para empezar a enfrentar a nuestros demonios, a los mafiosos incrustados en nuestro Estado y nuestra sociedad.
Por cierto, la CICIG –y no EEUU- bien podría investigar junto al MP el secuestro de Gladys Monterroso; si para eso está, para investigar junto a nosotros, en nuestros tribunales.
Es tranquilizador darnos cuenta que tenemos una reserva moral y líderes como Sergio Morales, Nineth Montenegro, Hellen Mack, etc. Es tranquilizador saber que los ciudadanos podemos lograr que nuestro Congreso responda y apruebe una ley de armas y municiones decente (sí, es una vaina que hayan mantenido los privilegios para funcionarios, pero no perdamos el bosque por un árbol, es una buena ley, consensuada con la sociedad civil y aprobada por unanimidad).
Eso sí, es preocupante la falta de otros líderes. ¿Qué hace el alcalde Arzú, por ejemplo? Podría liderar un esfuerzo de los alcaldes del departamento de Guatemala para invertir masivamente en los barrios marginales. ¿Qué hace Harold Caballeros? ¿Qué hace Otto Pérez además de mandar mensajes enojado? ¿Qué hacen las universidades nacional y privadas además del esfuerzo contraproducente para debilitar (o dinamitar) al enclenque Estado con la ortodoxa propuesta de ProReforma? ¿Cuándo empezará el Presidente Colom a liderar sin victimizarse?
Sí, hay miedo en el ambiente. Pero me topé con un artículo en El País para usarlo como receta. “El miedo nos ofrece enseñanzas para el futuro, como la figura del espantapájaros. En una primera lectura, el espantapájaros asusta a los pájaros. Pero si en lugar de salir huyendo, el ave decide acercarse, entonces se abre una tercera fase. `Cuando el miedo ha desaparecido tiene lugar una verdadera revelación: el espantapájaros no es un peligro, sino una oportunidad, ya que nos señala con precisión el lugar en el que podemos encontrar alimento. Por un baile de letras el miedo se ha convertido en el medio´, explica J. Peradejordi.
Este juego de palabras nos revela algo altamente provocador: el miedo indica dónde se halla el tesoro. Cada temor descubre un aspecto no resuelto del que debemos ocuparnos. Así como los pájaros se nutren de los sembrados, el alimento de nuestro futuro es despejar las brumas que no nos dejan ver con claridad el horizonte”.
Nuestro espantapájaros tiene gusanos que pican al apoyarse en él. Pero tenemos con qué enfrentarlos y están preocupados. Si no, no reaccionarían como lo hacen.
martinpellecer@gmail.com
El camino contra las mafias es la única vía para salir de la oscuridad.
Este mes ha sido en el que más veces he respondido para explicar cómo está Guatemala que lo más parecido es México y su guerra contra los narcos. Sólo que México pone su ejército y lo rescatable de su Estado y se dirige a los narcos y los corruptos; y nosotros ponemos nuestra CICIG, PDH, sociedad civil y algunas partes rescatables de nuestro Estado y nos dirigimos a los narcos y a lo que resta de los grupos paralelos de las dictaduras enquistados en el Estado y las tinieblas.
El desafío es el mismo: salvar a los ciudadanos y al Estado del narcotráfico y sus grupos paralelos. Y el costo es el mismo: muchas muertes y la postergación del avance en muchas tareas y debates pendientes… sociales, económicos, nacionales. Colombia sobrevivió en los años 90.
Sin embargo, no creo que nos estemos alejando de la meta, de la orilla. Creo que nos alejábamos cuando en 2000 el gobierno de Portillo-FRG le abrió las puertas de par en par a las mafias o cuando el gobierno de Arzú empezó con cuerpos paralelos antisecuestros que se le salieron de las manos. O cuando se dejaron 9 meses sin incautar un gramo de cocaína con el gobierno de Berger o cuando no estaba la CICIG y no teníamos la capacidad para empezar a enfrentar a nuestros demonios, a los mafiosos incrustados en nuestro Estado y nuestra sociedad.
Por cierto, la CICIG –y no EEUU- bien podría investigar junto al MP el secuestro de Gladys Monterroso; si para eso está, para investigar junto a nosotros, en nuestros tribunales.
Es tranquilizador darnos cuenta que tenemos una reserva moral y líderes como Sergio Morales, Nineth Montenegro, Hellen Mack, etc. Es tranquilizador saber que los ciudadanos podemos lograr que nuestro Congreso responda y apruebe una ley de armas y municiones decente (sí, es una vaina que hayan mantenido los privilegios para funcionarios, pero no perdamos el bosque por un árbol, es una buena ley, consensuada con la sociedad civil y aprobada por unanimidad).
Eso sí, es preocupante la falta de otros líderes. ¿Qué hace el alcalde Arzú, por ejemplo? Podría liderar un esfuerzo de los alcaldes del departamento de Guatemala para invertir masivamente en los barrios marginales. ¿Qué hace Harold Caballeros? ¿Qué hace Otto Pérez además de mandar mensajes enojado? ¿Qué hacen las universidades nacional y privadas además del esfuerzo contraproducente para debilitar (o dinamitar) al enclenque Estado con la ortodoxa propuesta de ProReforma? ¿Cuándo empezará el Presidente Colom a liderar sin victimizarse?
Sí, hay miedo en el ambiente. Pero me topé con un artículo en El País para usarlo como receta. “El miedo nos ofrece enseñanzas para el futuro, como la figura del espantapájaros. En una primera lectura, el espantapájaros asusta a los pájaros. Pero si en lugar de salir huyendo, el ave decide acercarse, entonces se abre una tercera fase. `Cuando el miedo ha desaparecido tiene lugar una verdadera revelación: el espantapájaros no es un peligro, sino una oportunidad, ya que nos señala con precisión el lugar en el que podemos encontrar alimento. Por un baile de letras el miedo se ha convertido en el medio´, explica J. Peradejordi.
Este juego de palabras nos revela algo altamente provocador: el miedo indica dónde se halla el tesoro. Cada temor descubre un aspecto no resuelto del que debemos ocuparnos. Así como los pájaros se nutren de los sembrados, el alimento de nuestro futuro es despejar las brumas que no nos dejan ver con claridad el horizonte”.
Nuestro espantapájaros tiene gusanos que pican al apoyarse en él. Pero tenemos con qué enfrentarlos y están preocupados. Si no, no reaccionarían como lo hacen.
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lunes, 30 de marzo de 2009
76. Fuerza para el PDH tras bombazos
Bombazos
El secuestro de Gladys Monterroso, madre de las hijas del procurador Sergio Morales y secretaria de Encuentro por Guatemala, tras el informe sobre el Archivo sobre desapariciones de la Policía Nacional; la psicosis provocada por expertos en asustar a la ciudadanía el día que se empezaría a aprobar la ley de armas –que busca poner un alto a los que lucran con la muerte-; la liberación de militares corruptos como el hijo de Ríos Montt. Tres bombas en tres días negros que son el colofón de treinta años negros de Guatemala.
Nuestros padres y tíos siempre hablaban de cómo en Ciudad de Guatemala se podía salir por la noche, ir en camioneta sin tener miedo, vivir con los atardeceres de volcanes y jacarandas en flor. Quisiera poder tener algún recuerdo de eso, pero nací unos años después de que todo empezara a joderse.
Terremoto de 1976, migraciones a la capital, marginación, desigualdad; ningún derecho para trabajadores en la ciudad o el campo, demanda de democracia y el inicio de los años negros. En 1978, con la masacre de Panzós y el asesinato de estudiante Oliverio Castañeda, empezó un ciclo de 7 años infaustos en el que el Estado reprimió a sus ciudadanos, con la excusa de que eran comunistas. Sí, habían muchos en armas por la imposibilidad de conseguir cambios por la vía democrática y había una guerra interna, pero muchos con los que se ensañó el Estado eran guatemaltecos pacíficos que sólo querían lo que muchos queremos ahora: un país más decente, democrático, más justo, que se logra por la vía política, de los votos; o sólo vivir en paz.
Desde ese 1978 empezaron a masacrar, torturar y asesinar. 200 mil guatemaltecos, en especial campesinos indígenas, fueron asesinados por la mínima posibilidad de simpatizar por la guerrilla o por cuestionar la injusticia y el racismo; ser indígena en este país no daba para ese lujo y el exterminio era la respuesta. Y desaparecieron a 50 mil guatemaltecos; en especial estudiantes, políticos, sindicalistas, periodistas, profesores… Construyeron desde ese año esta cultura de muerte que 30 años después se transformó en adolescentes que matan a su profesor en una cárcel, sicarios, narcos, esa cultura que tenemos que enterrar con lucidez y fuerza.
No es que les hayamos ganado del todo después de 30 años. Pero logramos democracia, logramos los Acuerdos de Paz gracias a militares y civiles valientes, logramos la recuperación de la Memoria Histórica, algunos poquísimos juicios a los responsables (podemos seguir con Ríos Montt), se empieza a dar resarcimiento a viudas, el Gobierno prometió buscar los archivos de las masacres, y podemos evidenciar gracias a la PDH la asquerosa planificación torturadores y encargados de desaparecer a soñadores como Fernando García.
Ya quisieran los norcoreanos, los sudaneses o los iraníes poder decir en el año 2039 que se libraron de los regímenes autoritarios que tienen hoy y sus herencias, como –mal que bien- estamos haciendo nosotros. En Guatemala los militares que nos gobernaron ya no tienen el poder político. Ya no tienen la conciencia tranquila. Tienen que estar huyendo de nuestro frágil sistema de justicia. Tienen que poner tres bombas en tres días porque saben que podemos enfrentar sus espacios en la sombra.
Las lágrimas de rabia de Sergio Morales, las de frustración de las esposas de los pilotos asesinados el martes pasado, esas lágrimas las sentimos todos. No podemos tirar la toalla cuando podemos empezar a ver la orilla. El que no se sienta capaz (ojo funcionarios), que renuncie y pase la estafeta. Y fuerza Procurador, fiscales, jueces, policías. Muchos ciudadanos agradecemos que personas como ustedes hayan nacido en Guatemala.
Wachik’aj 76.
PS. ¿Y si para honrar a los valientes le ponemos Aeropuerto Internacional Manuel Colom Argueta?
martinpellecer@gmail.com
El secuestro de Gladys Monterroso, madre de las hijas del procurador Sergio Morales y secretaria de Encuentro por Guatemala, tras el informe sobre el Archivo sobre desapariciones de la Policía Nacional; la psicosis provocada por expertos en asustar a la ciudadanía el día que se empezaría a aprobar la ley de armas –que busca poner un alto a los que lucran con la muerte-; la liberación de militares corruptos como el hijo de Ríos Montt. Tres bombas en tres días negros que son el colofón de treinta años negros de Guatemala.
Nuestros padres y tíos siempre hablaban de cómo en Ciudad de Guatemala se podía salir por la noche, ir en camioneta sin tener miedo, vivir con los atardeceres de volcanes y jacarandas en flor. Quisiera poder tener algún recuerdo de eso, pero nací unos años después de que todo empezara a joderse.
Terremoto de 1976, migraciones a la capital, marginación, desigualdad; ningún derecho para trabajadores en la ciudad o el campo, demanda de democracia y el inicio de los años negros. En 1978, con la masacre de Panzós y el asesinato de estudiante Oliverio Castañeda, empezó un ciclo de 7 años infaustos en el que el Estado reprimió a sus ciudadanos, con la excusa de que eran comunistas. Sí, habían muchos en armas por la imposibilidad de conseguir cambios por la vía democrática y había una guerra interna, pero muchos con los que se ensañó el Estado eran guatemaltecos pacíficos que sólo querían lo que muchos queremos ahora: un país más decente, democrático, más justo, que se logra por la vía política, de los votos; o sólo vivir en paz.
Desde ese 1978 empezaron a masacrar, torturar y asesinar. 200 mil guatemaltecos, en especial campesinos indígenas, fueron asesinados por la mínima posibilidad de simpatizar por la guerrilla o por cuestionar la injusticia y el racismo; ser indígena en este país no daba para ese lujo y el exterminio era la respuesta. Y desaparecieron a 50 mil guatemaltecos; en especial estudiantes, políticos, sindicalistas, periodistas, profesores… Construyeron desde ese año esta cultura de muerte que 30 años después se transformó en adolescentes que matan a su profesor en una cárcel, sicarios, narcos, esa cultura que tenemos que enterrar con lucidez y fuerza.
No es que les hayamos ganado del todo después de 30 años. Pero logramos democracia, logramos los Acuerdos de Paz gracias a militares y civiles valientes, logramos la recuperación de la Memoria Histórica, algunos poquísimos juicios a los responsables (podemos seguir con Ríos Montt), se empieza a dar resarcimiento a viudas, el Gobierno prometió buscar los archivos de las masacres, y podemos evidenciar gracias a la PDH la asquerosa planificación torturadores y encargados de desaparecer a soñadores como Fernando García.
Ya quisieran los norcoreanos, los sudaneses o los iraníes poder decir en el año 2039 que se libraron de los regímenes autoritarios que tienen hoy y sus herencias, como –mal que bien- estamos haciendo nosotros. En Guatemala los militares que nos gobernaron ya no tienen el poder político. Ya no tienen la conciencia tranquila. Tienen que estar huyendo de nuestro frágil sistema de justicia. Tienen que poner tres bombas en tres días porque saben que podemos enfrentar sus espacios en la sombra.
Las lágrimas de rabia de Sergio Morales, las de frustración de las esposas de los pilotos asesinados el martes pasado, esas lágrimas las sentimos todos. No podemos tirar la toalla cuando podemos empezar a ver la orilla. El que no se sienta capaz (ojo funcionarios), que renuncie y pase la estafeta. Y fuerza Procurador, fiscales, jueces, policías. Muchos ciudadanos agradecemos que personas como ustedes hayan nacido en Guatemala.
Wachik’aj 76.
PS. ¿Y si para honrar a los valientes le ponemos Aeropuerto Internacional Manuel Colom Argueta?
martinpellecer@gmail.com
lunes, 23 de marzo de 2009
75. Orgullo en el pleno (Ley de Armas y Municiones)
Wachik’aj 75.
Para conseguir los votos en el pleno hoy para aprobar la ley de armas no se requiere de un milagro o varitas mágicas, hace falta orgullo.
Orgullo en el pleno
El mayor error de nuestra fiscalización como ciudadanos al Congreso es echar a todos los diputados en el mismo saco y dar por descontado que no se puede esperar nada bueno de ellos. Disiento. Y más con la Ley de Armas y Municiones que debería aprobarse esta semana. Han logrado leyes como la Cicig, la del feminicidio…
La ecuación es muy simple. Somos 13 millones de guatemaltecos, unos 6 millones de adultos. Hay 500 mil armas en el país. Muchas, muchas balas. Hay 17 asesinatos diarios. Las armas no dan seguridad; y con el descontrol de las armas que hay en el país y la permisividad, sólo aumentan la violencia. Es de cínicos –la asociación de armeros- decir que el problema no son las armas sino cómo se usan. Seguramente deberían usarse como palas o rastrillos, ¿cierto? Las armas y las balas sólo sirven para matar.
Y aunque muchas armas no sean legales ni estén registradas, las balas que compran sí lo están y pueden comprar las que les dé la gana. La reducción a un tope de 400 balas es ridícula. ¿Quién necesita comprar 400 balas por día o por mes o por año? Seguramente las necesitan los narcos, mafiosos y sicarios.
Por qué vamos a dejar que sea el DECAM (Departamento de Control de Armas y Municiones, en el Ejército) el que siga siendo el ente rector, si durante años no les pone ninguna traba –ni alerta a las demás autoridades- y deja que, por ejemplo, un joven de 20 años tenga cuatro armas, incluida una de asalto. Debe pasar ese control a Departamento en el Ministerio de Gobernación.
Está comprobado que las ciudades latinoamericanas que restringen el uso de armas y balas reducen los índices de violencia. Bogotá, Sao Paulo, Medellín… evidencias no faltan.
Ése es el escenario. Y nosotros, guatemaltecos de varias generaciones, hemos decidido que para solucionar ese tipo de problemas nacionales haya un foro, y que en ese foro nos representen 158 ciudadanos electos democráticamente y que ese foro se llame Congreso. Y que para tomar una decisión, 80 ciudadanos de esos 158 tienen que estar de acuerdo y decidir, y si es de urgencia nacional, 105.
Hemos decidido también, después de 24 años de ejercicio político, que los representantes se agrupen en bancadas, que representan partidos políticos, y que los líderes encaminen a sus diputados y les convenzan. Esos líderes parlamentarios y los diputados son los que tendrán que rendir cuentas esta noche ante la ciudadanía –y también ante el espejo- sobre el resultado de la votación en el pleno.
Por un lado están las mafias que presionan y sobornan. Por otro lado está la ciudadanía –incluidas las familias de los diputados- que no soporta más violencia. Señores representantes (porque no se les olvide, son nuestros representantes), hay 6 mil muertos al año. No estamos hablando de hectáreas, de toneladas, estamos hablando de personas con vidas, con sueños, con futuros, con familias. Lograr los votos en el pleno requiere de liderazgo político, no de varitas mágicas y discursos eternos. Requiere de agallas, requiere de carisma, requiere de orgullo. La pelota está en su cancha.
martinpellecer@gmail.com
Para conseguir los votos en el pleno hoy para aprobar la ley de armas no se requiere de un milagro o varitas mágicas, hace falta orgullo.
Orgullo en el pleno
El mayor error de nuestra fiscalización como ciudadanos al Congreso es echar a todos los diputados en el mismo saco y dar por descontado que no se puede esperar nada bueno de ellos. Disiento. Y más con la Ley de Armas y Municiones que debería aprobarse esta semana. Han logrado leyes como la Cicig, la del feminicidio…
La ecuación es muy simple. Somos 13 millones de guatemaltecos, unos 6 millones de adultos. Hay 500 mil armas en el país. Muchas, muchas balas. Hay 17 asesinatos diarios. Las armas no dan seguridad; y con el descontrol de las armas que hay en el país y la permisividad, sólo aumentan la violencia. Es de cínicos –la asociación de armeros- decir que el problema no son las armas sino cómo se usan. Seguramente deberían usarse como palas o rastrillos, ¿cierto? Las armas y las balas sólo sirven para matar.
Y aunque muchas armas no sean legales ni estén registradas, las balas que compran sí lo están y pueden comprar las que les dé la gana. La reducción a un tope de 400 balas es ridícula. ¿Quién necesita comprar 400 balas por día o por mes o por año? Seguramente las necesitan los narcos, mafiosos y sicarios.
Por qué vamos a dejar que sea el DECAM (Departamento de Control de Armas y Municiones, en el Ejército) el que siga siendo el ente rector, si durante años no les pone ninguna traba –ni alerta a las demás autoridades- y deja que, por ejemplo, un joven de 20 años tenga cuatro armas, incluida una de asalto. Debe pasar ese control a Departamento en el Ministerio de Gobernación.
Está comprobado que las ciudades latinoamericanas que restringen el uso de armas y balas reducen los índices de violencia. Bogotá, Sao Paulo, Medellín… evidencias no faltan.
Ése es el escenario. Y nosotros, guatemaltecos de varias generaciones, hemos decidido que para solucionar ese tipo de problemas nacionales haya un foro, y que en ese foro nos representen 158 ciudadanos electos democráticamente y que ese foro se llame Congreso. Y que para tomar una decisión, 80 ciudadanos de esos 158 tienen que estar de acuerdo y decidir, y si es de urgencia nacional, 105.
Hemos decidido también, después de 24 años de ejercicio político, que los representantes se agrupen en bancadas, que representan partidos políticos, y que los líderes encaminen a sus diputados y les convenzan. Esos líderes parlamentarios y los diputados son los que tendrán que rendir cuentas esta noche ante la ciudadanía –y también ante el espejo- sobre el resultado de la votación en el pleno.
Por un lado están las mafias que presionan y sobornan. Por otro lado está la ciudadanía –incluidas las familias de los diputados- que no soporta más violencia. Señores representantes (porque no se les olvide, son nuestros representantes), hay 6 mil muertos al año. No estamos hablando de hectáreas, de toneladas, estamos hablando de personas con vidas, con sueños, con futuros, con familias. Lograr los votos en el pleno requiere de liderazgo político, no de varitas mágicas y discursos eternos. Requiere de agallas, requiere de carisma, requiere de orgullo. La pelota está en su cancha.
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