Son la esperanza del país, no se desperdicien.
Jóvenes:
Hace un mes, el caos por el asesinato de pilotos y una radio basura diciendo que había estado de sitio el día que aprobarían la ley para restringir armas nos hizo creer que se desmoronaba el suelo y llegábamos al sótano, que tocábamos fondo. El caso Rosenberg nos rompió otras tablas y nos demostró que había un sótano más abajo. La crisis política que se desató hizo crujir de nuevo el suelo y parecíamos prestos a caer a otro sótano de radicalización y sangre. No está siendo así; de momento parece soportar este piso.
Está soportando por dos troncos. La CICIG para resolver la parte jurídica del asesinato de Rosenberg. Y los jóvenes, los miles (¿20 mil el primer domingo y 15 mil anteayer?) vestidos de blanco de clases media y alta, cuya mayoría nunca había ejercido su responsabilidad de ciudadanos. Estos jóvenes están logrando cosas que no lograron la oposición, CICIG, diplomáticos o la opinión pública: presionar al Congreso a aprobar la ley para transparentar la elección de magistrados en el Organismo Judicial –pieza angular para la impunidad-, propuesta por Nineth Montenegro.
Estos jóvenes lograron manifestaciones para evitar que el país se desmorone y son los que pueden construir escaleras para empezar a salir de los sótanos que nos heredaron. Pero esto es la vida real y si no construyen escaleras, el suelo volverá a romperse. Si queremos cambiar el sistema de justicia del país tenemos que ser críticos con nosotros mismos. Jóvenes: no desperdicien el momento guiados por liderazgos estúpidos.
“Estúpido” suena fuerte, pero esto es política, es ser ciudadanos en Guatemala, y los suavizantes para las palabras sobran. Pedir la renuncia de Colom es una necedad que no ayudaría en lo absoluto; tiene que haber una investigación previa de CICIG. No se dejen llevar por liderazgos radicales como los neoliberales y los ultraderechas.
Vean las metas alcanzables. La primera, sobre la ley de comisiones para los magistrados, la consiguieron. ¿La segunda cuál es? ¿Un presidente para la Corte Suprema de Justicia? Llevamos cinco meses sin presidente judicial. ¿La ley para la protección de testigos? ¿La agenda que le pedimos a la CICIG? ¿La agenda del Acuerdo Nacional de Seguridad? ¿La renuncia de los principales acusados por Rosenberg? Recuerden que no son Colom y su esposa, sino Alejos y Valdés.
Las metas, que pueden ser por ejemplo mensuales y que tienen que ser alcanzables, tienen que ser definidas, propuestas, discutidas.
Los radicales tienen que ser aislados. No nos vamos a poner de acuerdo nunca sobre ideologías. Eso de “seguridad, libertad y propiedad”… a la tarima electoral, no a un movimiento contra la impunidad. En lo que todos los guatemaltecos estamos de acuerdos es en el fin de la impunidad. Pues fuerza ahí.
Lo último: No querramos tapar soles con dedos. El movimiento de los jóvenes tiene que ser interclasista. “Esto no es de pobres contra ricos”. Cierto que no, y eso es una estrategia del gobierno de Colom para deslegitimar el movimiento. ¿Pero qué están haciendo para contrarrestarla? ¿Cuántos jóvenes de la UFM, URL, UNIS han ido a dar una vuelta a la USAC o a la UMG para invitar gente a la manifestación y negociar demandas? Qué decepción ver a “los tres líderes” que fueron a dejar las firmas al Congreso. Hombres, blancos y clase alta. ¿Eso es el movimiento? ¿Eso es Guatemala? Yo creo que ambos son más. ¡Fuerza! Que de ustedes depende el futuro de este país.
martinpellecer@gmail.com
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lunes, 25 de mayo de 2009
84. Jóvenes:
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lunes, 18 de mayo de 2009
(Crisis10). Peligro de desestabilización
Gobernar Guatemala con nuestro enclenque y amenazado Estado es casi imposible. Y el “casi” se puede tachar si un prestigioso abogado asesinado deja un video en el que acusa de ordenar su muerte al secretario privado y a un asesor presidencial, con la venia del Presidente y su mujer.
Se necesita de mucha seguridad y habilidad política para no tener náuseas de vértigo y hacer que sobreviva esta administración. El presidente Colom o no las tiene o no las está practicando. Él tiene el mandato de nosotros los ciudadanos para no dejar que la institucionalidad ni la gobernabilidad exploten. Por eso hace bien en no renunciar. Pero está arriesgando de una manera irresponsable sus posibilidades de gobernar el país durante los próximos 23 meses hasta que empiece la campaña de 2011.
El gobierno de Álvaro Colom encara esta crisis en soledad. Tiene en contra a la élite económica, en contra a los medios de comunicación, en contra a la ciudadanía de la capital –en especial a la clase media-, a algunos partidos y a los radicales.
Considera el presidente Colom, ingenuamente, que podrá soportar esta tormenta sin hacer ningún sacrificio político, apoyándose en las redes clientelares que se logran estando en Gobierno, con solidaridades latinoamericanas vendiéndose como los herederos de la Revolución del 44 –que no son- y con mostrar los dientes a quienes le critiquen. Cree, muy irresponsablemente, que presionando el botón de la lucha de “pobres contra ricos”, podrá disuadir o deslegitimar las manifestaciones en su contra.
No creo que el presidente Colom haya ordenado el asesinato de Rosenberg y los Musa. Pero no entiendo cómo el presidente Colom no puede ver que su secretario Alejos y su asesor Valdés son los dos principales sospechosos. Tiene que despedirlos para que la CICIG los investigue. ¿O cree que Alejos es viable políticamente? Eso no quita que Mario David García y Luis Mendizábal –golpistas y que cada vez se contradicen más- sean los segundos sospechosos, porque no es un disparate pensar que algún asesino pudo ver ese video antes del domingo y haber matado a Rosenberg para botar al Gobierno.
El presidente Colom dice en la tarde que convoca a la unidad nacional y por la mañana amenaza con encarcelar a quienes le dicen asesino y acarrea a 40 mil personas para enfrentarlos con los que lo critican. Quiere que lo recuerden como un Bachelet y actúa como un Daniel Ortega. Quiere que lo recuerden como socialdemócrata, y actúa como un populista. Mi generación, la primera generación post-guerra de Guatemala –esos que nos comunicamos por Facebook y gritamos el himno- ya no se cree ese doble discurso.
Radicalizándose, amenazando con venganzas e intentando radicalizar a “los pobres contra los ricos”, el Presidente nos deja en ridículo a los ciudadanos moderados y legitima a los radicales (como los neoliberales y los ultraderechas de la Cámara del Agro, que rápido echan agua a su molino). Los 30 mil vestidos de blanco y los que nos vestimos de blanco ese día no queremos desestabilizar al Gobierno, no queremos golpes de Estado, queremos que termine la impunidad, que nadie pueda ordenar nunca más un asesinato político o cometer un asesinato y pasearse por las calles.
De esta crisis salimos todos o nos jodemos todos. El vicepresidente Espada está jugando el rol que le corresponde de leal a Colom y mediador con la oposición. El CACIF está siendo moderado. Castresana tiene nuestra energía y sueños. Los jóvenes, la ciudadanía, están respondiendo con pasión y civismo. El Presidente y su gobierno no están dando la talla. Es más, están desestabilizando el país.
(Lea más en www.martinguatemala.blogspot.com)
POR UN INCOMPRENSIBLE ERROR EN LA EDICIÓN DEL TEXTO EN PRENSA LIBRE, EL SENTIDO DE LA ÚLTIMA FRASE DE LA COLUMNA FUE CAMBIADO. COMO ESTÁ PUBLICADO EN EL BLOG DESDE AYER, ACÁ ESTÁ CORRECTAMENTE. DISCULPAS A LOS LECTORES.
Interesante: De Marielos Monzón (Prensa Libre) "Detrás de la telaraña"
... Los enfrentamientos que se han dado entre el sector privado organizado y los cooperativistas —recordemos el estira y encoje por la representación en la Junta Monetaria— no pueden quedar fuera de este análisis. El control de la banca no es un elemento menor, y menos si se trata del manejo de millones de quetzales provenientes de recursos públicos. Esta telaraña que se ha tejido pretende asestar un golpe maestro al muy debilitado sector público y a las instituciones del Estado, para dejarlos sin márgenes de acción y de maniobra. A esto se suma la aparición en escena de personajes vinculados a la represión y a procesos de conspiración y desestabilización...
Se necesita de mucha seguridad y habilidad política para no tener náuseas de vértigo y hacer que sobreviva esta administración. El presidente Colom o no las tiene o no las está practicando. Él tiene el mandato de nosotros los ciudadanos para no dejar que la institucionalidad ni la gobernabilidad exploten. Por eso hace bien en no renunciar. Pero está arriesgando de una manera irresponsable sus posibilidades de gobernar el país durante los próximos 23 meses hasta que empiece la campaña de 2011.
El gobierno de Álvaro Colom encara esta crisis en soledad. Tiene en contra a la élite económica, en contra a los medios de comunicación, en contra a la ciudadanía de la capital –en especial a la clase media-, a algunos partidos y a los radicales.
Considera el presidente Colom, ingenuamente, que podrá soportar esta tormenta sin hacer ningún sacrificio político, apoyándose en las redes clientelares que se logran estando en Gobierno, con solidaridades latinoamericanas vendiéndose como los herederos de la Revolución del 44 –que no son- y con mostrar los dientes a quienes le critiquen. Cree, muy irresponsablemente, que presionando el botón de la lucha de “pobres contra ricos”, podrá disuadir o deslegitimar las manifestaciones en su contra.
No creo que el presidente Colom haya ordenado el asesinato de Rosenberg y los Musa. Pero no entiendo cómo el presidente Colom no puede ver que su secretario Alejos y su asesor Valdés son los dos principales sospechosos. Tiene que despedirlos para que la CICIG los investigue. ¿O cree que Alejos es viable políticamente? Eso no quita que Mario David García y Luis Mendizábal –golpistas y que cada vez se contradicen más- sean los segundos sospechosos, porque no es un disparate pensar que algún asesino pudo ver ese video antes del domingo y haber matado a Rosenberg para botar al Gobierno.
El presidente Colom dice en la tarde que convoca a la unidad nacional y por la mañana amenaza con encarcelar a quienes le dicen asesino y acarrea a 40 mil personas para enfrentarlos con los que lo critican. Quiere que lo recuerden como un Bachelet y actúa como un Daniel Ortega. Quiere que lo recuerden como socialdemócrata, y actúa como un populista. Mi generación, la primera generación post-guerra de Guatemala –esos que nos comunicamos por Facebook y gritamos el himno- ya no se cree ese doble discurso.
Radicalizándose, amenazando con venganzas e intentando radicalizar a “los pobres contra los ricos”, el Presidente nos deja en ridículo a los ciudadanos moderados y legitima a los radicales (como los neoliberales y los ultraderechas de la Cámara del Agro, que rápido echan agua a su molino). Los 30 mil vestidos de blanco y los que nos vestimos de blanco ese día no queremos desestabilizar al Gobierno, no queremos golpes de Estado, queremos que termine la impunidad, que nadie pueda ordenar nunca más un asesinato político o cometer un asesinato y pasearse por las calles.
De esta crisis salimos todos o nos jodemos todos. El vicepresidente Espada está jugando el rol que le corresponde de leal a Colom y mediador con la oposición. El CACIF está siendo moderado. Castresana tiene nuestra energía y sueños. Los jóvenes, la ciudadanía, están respondiendo con pasión y civismo. El Presidente y su gobierno no están dando la talla. Es más, están desestabilizando el país.
(Lea más en www.martinguatemala.blogspot.com)
POR UN INCOMPRENSIBLE ERROR EN LA EDICIÓN DEL TEXTO EN PRENSA LIBRE, EL SENTIDO DE LA ÚLTIMA FRASE DE LA COLUMNA FUE CAMBIADO. COMO ESTÁ PUBLICADO EN EL BLOG DESDE AYER, ACÁ ESTÁ CORRECTAMENTE. DISCULPAS A LOS LECTORES.
Interesante: De Marielos Monzón (Prensa Libre) "Detrás de la telaraña"
... Los enfrentamientos que se han dado entre el sector privado organizado y los cooperativistas —recordemos el estira y encoje por la representación en la Junta Monetaria— no pueden quedar fuera de este análisis. El control de la banca no es un elemento menor, y menos si se trata del manejo de millones de quetzales provenientes de recursos públicos. Esta telaraña que se ha tejido pretende asestar un golpe maestro al muy debilitado sector público y a las instituciones del Estado, para dejarlos sin márgenes de acción y de maniobra. A esto se suma la aparición en escena de personajes vinculados a la represión y a procesos de conspiración y desestabilización...
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sábado, 16 de mayo de 2009
(Crisis8). El mayor desestabilizador: el Gobierno de Colom
Cuando empezó esta crisis política por el caso Rosenberg-Musa, lo que más me preocupaba eran los golpistas. Ahora que escribo estas líneas lo que más me preocupa es el gobierno de Álvaro Colom y su reacción populista. Es el Gobierno el que está siendo el mayor desestabilizador del país.
A ver. No creo que el asesinato –que es un asesinato, no una pantomima complotista, es un asesinato- haya sido ordenado o con la venia del presidente Colom. Sin embargo, los dos principales sospechosos del asesinato son Gustavo Alejos y Gregorio Valdés, quienes –según el asesinado Rosenberg- lo amenazaron de muerte por investigar el caso Musa y el escándalo Banrural. Y el presidente Colom está hipotecando la misma supervivencia del Gobierno al defender a estos dos tipos a capa y espada (traducción: defenderlos de que la CICIG los investigue).
El Gobierno de Álvaro Colom está contra las cuerdas. Un Gobierno que no es, por ejemplo, como el de Berger, con apoyo fuerte de la élite económica y la opinión pública capitalina; o el de Portillo, con apoyo fuerte del Ejército o de las clases populares al inicio del mandato (lo eligió 70 por ciento en segunda vuelta, distinto al 51 por ciento de Colom); o el de Arzú… Éste Gobierno de Colom no tiene masas que lo apoyen o un sector fuerte detrás de él (¿o me dirán la UASP representará a más de 100 sindicalistas?).
Respuesta socialdemócrata versus respuesta populista
El Gobierno de Álvaro Colom afrontó esta crisis solo, muy solo. Y con la enorme responsabilidad de mantener a flote al Estado. Y en vez de sacar su cara más socialdemócrata –si es que la tuvo- y responder como lo hubieran hecho sus admirados Lula o Bachelet, está sacando su cara más populista y está respondiendo como respondería Chávez o Daniel Ortega. Sí, señor Presidente, está rebajándose a ser un Daniel Ortega versión guatemalteca.
Al inicio de la crisis –el lunes-, las fuerzas políticas opositoras vacilaban entre pedir la renuncia de Colom y una investigación seria en la CICIG o sólo lo segundo. Todos –CACIF, partidos, medios de comunicación, todos menos el Partido Patriota y algunos ciudadanos- se inclinaron por lo segundo. No porque el Gobierno se muestre fuerte, por convicción. Bien hecho.
Asustado, tomando sus decisiones con mucho miedo, el Gobierno creyó que todos apostarían por lo primero. No. La inmensa mayoría de guatemaltecos no queremos un golpe de Estado. Estamos hartos de Golpes de Estado.
El Gobierno pensó entonces que tenía que demostrar fuerza. Y entonces fue a la OEA a pedir solidaridad hemisférica. Bien. Hay que pedirla. Pero no diciendo que “éste es un Gobierno que lucha por los pobres” y diciendo entre pasillos que todo se deriva de una conspiración de la extrema derecha (sin que la CICIG haya investigado antes). Argumentar esto se llama populismo.
Además que confunde una animadversión de la extrema derecha con el Gobierno con otro enfrentamiento más profundo que se cruza: el de la sociedad civil, el Estado y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) contra las mafias incrustadas en el sistema de justicia y de seguridad. Estas mafias –en ocasiones de ex militares de extrema derecha, en ocasiones de narcotraficantes- han llevado campañas de desestabilización contra el Estado en el último año; no sólo contra el Gobierno. El Gobierno ha apoyado a la CICIG, como lo hizo el Gobierno anterior, de centroderecha.
Además de la llamada de auxilio internacional, el Gobierno pensó en acarrear gente utilizando sus redes clientelares y presionando el botón del populismo y el resentimiento: “toda la crisis se trata de una guerra de los ricos contra los pobres”. ¿Se dan cuenta el riesgo en el que pusieron esta semana al enfrentar las dos manifestaciones sin presencia policial? ¿Se dan cuenta? ¿O los obnubila su fobia a las desestabilizaciones? ¿Cree que una manifestación librará a su más cercano círculo de una investigación de la CICIG?
Ante una acusación grave de asesinato a su secretario privado y a su asesor, con su venia, la respuesta del presidente Colom ha sido movilizar redes clientelares (no me digan que el diputado Simón de San Marcos va a traer a algún ciudadano que haya visto el video) y culpar de todo a Pérez Molina. ¡Por favor! A mí no me parece correcta la petición de Pérez Molina de pedir la renuncia del presidente Colom -que ejerce su rol de opositor-, pero culparlo a él ahora de desestabilización me parece una burla a la inteligencia de la ciudadanía.
Esto no es lo más malo y peor. La excesiva aplicación sobre la ley de pánico financiero... bueno, quizás es pasable porque si se tratara de un mensaje contra algún banco grande lo aplicarían. Pero esa aberración de la PGN sobre que quien apoye o difunda el video de Rosenberg comete apología del delito… es una aberración. Es un chavismo. Un orteguismo.
Alguna luz de esperanza
Dentro de todo, creo que hay algún punto para estar tranquilo. El primero es el despertar al ejercicio de derechos políticos de ciudadanía de una gran parte de los capitalinos –clase media principalmente, pero no sólo-. El segundo es que el vicepresidente Espada está jugando el rol de mediador que tiene que jugar. Muy bien. Si alguien puede salvar esta crisis políticas y servir de mediador entre todos, es él. La historia de Guatemala le ha dado un lugar, que puede aprovechar o no.
Otro signo de esperanza es la Corte de Constitucionalidad y su respaldo al derecho de manifestar y su advertencia al Gobierno de respetar el orden constitucional.
Los ciudadanos deben manifestarse, con fuerza y con ganas de paz y de justicia (y no me digan que ese ya es un discurso desestabilizador). Y el Gobierno no puede impedirlo. “No podemos tirar por la borda 50 años esperando democracia”, repite el presidente Colom. Ah, noticias para él: Sus respuestas chavistas de acarrear gente o amenazar con apología del delito lo colocan más cerca de un fascista que de un demócrata.
El Gobierno no puede mantenerse como si no pasara nada o como si todo fuera una conspiración del Partido Patriota y el CACIF. No. Tiene que responder ante acusaciones serias de tres asesinatos, expulsar a Alejos y Valdés y dejar que la CICIG investigue a todo el mundo –sin presiones populistas como estas manifestaciones clientelares-. Si no, olvídese de que la capital lo dejará seguir gobernando al país. Por simple lógica política, por simple lógica ciudadana.
A ver. No creo que el asesinato –que es un asesinato, no una pantomima complotista, es un asesinato- haya sido ordenado o con la venia del presidente Colom. Sin embargo, los dos principales sospechosos del asesinato son Gustavo Alejos y Gregorio Valdés, quienes –según el asesinado Rosenberg- lo amenazaron de muerte por investigar el caso Musa y el escándalo Banrural. Y el presidente Colom está hipotecando la misma supervivencia del Gobierno al defender a estos dos tipos a capa y espada (traducción: defenderlos de que la CICIG los investigue).
El Gobierno de Álvaro Colom está contra las cuerdas. Un Gobierno que no es, por ejemplo, como el de Berger, con apoyo fuerte de la élite económica y la opinión pública capitalina; o el de Portillo, con apoyo fuerte del Ejército o de las clases populares al inicio del mandato (lo eligió 70 por ciento en segunda vuelta, distinto al 51 por ciento de Colom); o el de Arzú… Éste Gobierno de Colom no tiene masas que lo apoyen o un sector fuerte detrás de él (¿o me dirán la UASP representará a más de 100 sindicalistas?).
Respuesta socialdemócrata versus respuesta populista
El Gobierno de Álvaro Colom afrontó esta crisis solo, muy solo. Y con la enorme responsabilidad de mantener a flote al Estado. Y en vez de sacar su cara más socialdemócrata –si es que la tuvo- y responder como lo hubieran hecho sus admirados Lula o Bachelet, está sacando su cara más populista y está respondiendo como respondería Chávez o Daniel Ortega. Sí, señor Presidente, está rebajándose a ser un Daniel Ortega versión guatemalteca.
Al inicio de la crisis –el lunes-, las fuerzas políticas opositoras vacilaban entre pedir la renuncia de Colom y una investigación seria en la CICIG o sólo lo segundo. Todos –CACIF, partidos, medios de comunicación, todos menos el Partido Patriota y algunos ciudadanos- se inclinaron por lo segundo. No porque el Gobierno se muestre fuerte, por convicción. Bien hecho.
Asustado, tomando sus decisiones con mucho miedo, el Gobierno creyó que todos apostarían por lo primero. No. La inmensa mayoría de guatemaltecos no queremos un golpe de Estado. Estamos hartos de Golpes de Estado.
El Gobierno pensó entonces que tenía que demostrar fuerza. Y entonces fue a la OEA a pedir solidaridad hemisférica. Bien. Hay que pedirla. Pero no diciendo que “éste es un Gobierno que lucha por los pobres” y diciendo entre pasillos que todo se deriva de una conspiración de la extrema derecha (sin que la CICIG haya investigado antes). Argumentar esto se llama populismo.
Además que confunde una animadversión de la extrema derecha con el Gobierno con otro enfrentamiento más profundo que se cruza: el de la sociedad civil, el Estado y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) contra las mafias incrustadas en el sistema de justicia y de seguridad. Estas mafias –en ocasiones de ex militares de extrema derecha, en ocasiones de narcotraficantes- han llevado campañas de desestabilización contra el Estado en el último año; no sólo contra el Gobierno. El Gobierno ha apoyado a la CICIG, como lo hizo el Gobierno anterior, de centroderecha.
Además de la llamada de auxilio internacional, el Gobierno pensó en acarrear gente utilizando sus redes clientelares y presionando el botón del populismo y el resentimiento: “toda la crisis se trata de una guerra de los ricos contra los pobres”. ¿Se dan cuenta el riesgo en el que pusieron esta semana al enfrentar las dos manifestaciones sin presencia policial? ¿Se dan cuenta? ¿O los obnubila su fobia a las desestabilizaciones? ¿Cree que una manifestación librará a su más cercano círculo de una investigación de la CICIG?
Ante una acusación grave de asesinato a su secretario privado y a su asesor, con su venia, la respuesta del presidente Colom ha sido movilizar redes clientelares (no me digan que el diputado Simón de San Marcos va a traer a algún ciudadano que haya visto el video) y culpar de todo a Pérez Molina. ¡Por favor! A mí no me parece correcta la petición de Pérez Molina de pedir la renuncia del presidente Colom -que ejerce su rol de opositor-, pero culparlo a él ahora de desestabilización me parece una burla a la inteligencia de la ciudadanía.
Esto no es lo más malo y peor. La excesiva aplicación sobre la ley de pánico financiero... bueno, quizás es pasable porque si se tratara de un mensaje contra algún banco grande lo aplicarían. Pero esa aberración de la PGN sobre que quien apoye o difunda el video de Rosenberg comete apología del delito… es una aberración. Es un chavismo. Un orteguismo.
Alguna luz de esperanza
Dentro de todo, creo que hay algún punto para estar tranquilo. El primero es el despertar al ejercicio de derechos políticos de ciudadanía de una gran parte de los capitalinos –clase media principalmente, pero no sólo-. El segundo es que el vicepresidente Espada está jugando el rol de mediador que tiene que jugar. Muy bien. Si alguien puede salvar esta crisis políticas y servir de mediador entre todos, es él. La historia de Guatemala le ha dado un lugar, que puede aprovechar o no.
Otro signo de esperanza es la Corte de Constitucionalidad y su respaldo al derecho de manifestar y su advertencia al Gobierno de respetar el orden constitucional.
Los ciudadanos deben manifestarse, con fuerza y con ganas de paz y de justicia (y no me digan que ese ya es un discurso desestabilizador). Y el Gobierno no puede impedirlo. “No podemos tirar por la borda 50 años esperando democracia”, repite el presidente Colom. Ah, noticias para él: Sus respuestas chavistas de acarrear gente o amenazar con apología del delito lo colocan más cerca de un fascista que de un demócrata.
El Gobierno no puede mantenerse como si no pasara nada o como si todo fuera una conspiración del Partido Patriota y el CACIF. No. Tiene que responder ante acusaciones serias de tres asesinatos, expulsar a Alejos y Valdés y dejar que la CICIG investigue a todo el mundo –sin presiones populistas como estas manifestaciones clientelares-. Si no, olvídese de que la capital lo dejará seguir gobernando al país. Por simple lógica política, por simple lógica ciudadana.
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jueves, 14 de mayo de 2009
(Crisis5). La peor crisis en Guatemala (FRIDE)
http://eurolatin.fride.org/2009/05/14/la-peor-crisis-politica-de-guatemala.html
La acusación del abogado asesinado contra la cúpula del Gobierno de Álvaro Colom ha puesto a Guatemala en la peor crisis política desde el retorno a la democracia en 1986. La guerra abierta entre la élite económica y la opinión pública capitalina contra esta administración “socialdemócrata” es casi inevitable.
Rodrigo Rosenberg, el abogado asesinado el domingo mientras montaba bicicleta, era un prestigioso jurista que asesoraba a las mayores firmas del país, incluida la del industrial Khalil Musa, asesinado junto a su hija hace tres semanas. Rosenberg asegura en el video haber recibido amenazas de muerte de Gustavo Alejos –secretario privado de la Presidencia y principal financista de la campaña de Colom- y Gregorio Valdés –uno de los principales asesores, financista y quien ha recibido 30 millones de euros en contratos de infraestructura en 15 meses de Gobierno-. El asesinato, según Rosenberg, lo habría avalado el presidente Colom y su esposa –Sandra Torres, quien ejerce de facto de Ministra de la Presidencia-. Rosenberg aseguró también que su asesinato y el de los Musa fueron para tapar otro escándalo, de lavado de dinero oficialista en un banco de capital mixto.
La poderosa élite económica ha enviado dos mensajes al Presidente: Tiene que haber una investigación internacional y la administración Colom perdió autoridad para gobernar. El Ejecutivo ha respondido con pedir una investigación internacional, proteger a sus funcionarios acusados; traer a 250 alcaldes como muestra de apoyo político y pedir el apoyo de los gobiernos de la OEA. La tensión está en las calles. Jóvenes capitalinos, principalmente de clase media y alta, han convocado a manifestaciones por medio de redes sociales como Facebook para pedir la renuncia de Colom. Y el Gobierno está organizando o incentivando contramanifestaciones para la que llevarán a pobladores de la periferia de la Ciudad que son beneficiados con programas gubernamentales. Ambas manifestaciones se encontraron en la Plaza de la Constitución. En la de ayer jueves no hubo presencia policial y 45 delegados de la Procuraduría de Derechos Humanos fueron los que evitaron un choque entre ambas.
La enemistad entre Gobierno y élite viene de una mínima independencia política y del izquierdismo retórico del Presidente Colom; no hay ninguna medida gubernamental en 15 meses que haya cambiado en algo la estructura económica o política del país. Eso sí, hay otro enfrentamiento más profundo que se cruza: el de la sociedad civil, el Estado y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) contra las mafias incrustadas en el sistema de justicia y de seguridad. Estas mafias –en ocasiones de ex militares de extrema derecha, en ocasiones de narcotraficantes- han llevado campañas de desestabilización contra el Estado en el último año; no sólo contra el Gobierno. El Gobierno ha apoyado a la CICIG, como lo hizo el Gobierno anterior, de centroderecha.
La CICIG es una comisión ideada por la sociedad civil guatemalteca y aprobada por todas las fuerzas políticas en el Congreso. Funciona desde hace un año y medio con financiamiento europeo y estadounidense e investigadores latinoamericanos y españoles y ha empezado con acusaciones directas a narcotraficantes, ex militares e incluso un ex fiscal de delitos contra la vida.
Para complicar más el caso Rosenberg, salió a luz que no sólo el periodista Mario David García estuvo en la sala en la que Rosenberg grabó el video. Luis Mendizábal, otro asesor del Presidente Colom con un pasado militar cuestionable, tuvo el video desde el viernes antes del asesinato y se encargó de repartir 150 copias en el entierro.
La crisis política no será fácil de superar. Se trata del asesinato de un prestigioso abogado crítico con el Gobierno y miembro de la élite económica, que acusa de su propio asesinato a la mano derecha del Presidente –que es hermano del Presidente del Congreso- y al mismo Presidente de haberlo avalado. La convivencia parece imposible y Ciudad de Guatemala puede ser la próxima Caracas o La Paz o Managua.
El margen de maniobra es mínimo para ambos. El Presidente Colom no puede mantener a Alejos y a Valdés en su despacho y no puede interferir en la investigación de la CICIG –pues es un sospechoso más-. Y la élite económica y la opinión pública capitalina tienen que neutralizar a sus miembros más radicales que piden un golpe de Estado. El país no saldrá del atolladero sin ayuda internacional. La investigación independiente de la CICIG –que necesita más que nunca apoyo europeo y estadounidense- y la intervención de la misión de la OEA que ha pedido el canciller Rodas pueden ser la única salida.
Martín Rodriguez es asistente de investigación del área de Paz y Seguridad en FRIDE.
mrodriguez@fride.org
La acusación del abogado asesinado contra la cúpula del Gobierno de Álvaro Colom ha puesto a Guatemala en la peor crisis política desde el retorno a la democracia en 1986. La guerra abierta entre la élite económica y la opinión pública capitalina contra esta administración “socialdemócrata” es casi inevitable.
Rodrigo Rosenberg, el abogado asesinado el domingo mientras montaba bicicleta, era un prestigioso jurista que asesoraba a las mayores firmas del país, incluida la del industrial Khalil Musa, asesinado junto a su hija hace tres semanas. Rosenberg asegura en el video haber recibido amenazas de muerte de Gustavo Alejos –secretario privado de la Presidencia y principal financista de la campaña de Colom- y Gregorio Valdés –uno de los principales asesores, financista y quien ha recibido 30 millones de euros en contratos de infraestructura en 15 meses de Gobierno-. El asesinato, según Rosenberg, lo habría avalado el presidente Colom y su esposa –Sandra Torres, quien ejerce de facto de Ministra de la Presidencia-. Rosenberg aseguró también que su asesinato y el de los Musa fueron para tapar otro escándalo, de lavado de dinero oficialista en un banco de capital mixto.
La poderosa élite económica ha enviado dos mensajes al Presidente: Tiene que haber una investigación internacional y la administración Colom perdió autoridad para gobernar. El Ejecutivo ha respondido con pedir una investigación internacional, proteger a sus funcionarios acusados; traer a 250 alcaldes como muestra de apoyo político y pedir el apoyo de los gobiernos de la OEA. La tensión está en las calles. Jóvenes capitalinos, principalmente de clase media y alta, han convocado a manifestaciones por medio de redes sociales como Facebook para pedir la renuncia de Colom. Y el Gobierno está organizando o incentivando contramanifestaciones para la que llevarán a pobladores de la periferia de la Ciudad que son beneficiados con programas gubernamentales. Ambas manifestaciones se encontraron en la Plaza de la Constitución. En la de ayer jueves no hubo presencia policial y 45 delegados de la Procuraduría de Derechos Humanos fueron los que evitaron un choque entre ambas.
La enemistad entre Gobierno y élite viene de una mínima independencia política y del izquierdismo retórico del Presidente Colom; no hay ninguna medida gubernamental en 15 meses que haya cambiado en algo la estructura económica o política del país. Eso sí, hay otro enfrentamiento más profundo que se cruza: el de la sociedad civil, el Estado y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) contra las mafias incrustadas en el sistema de justicia y de seguridad. Estas mafias –en ocasiones de ex militares de extrema derecha, en ocasiones de narcotraficantes- han llevado campañas de desestabilización contra el Estado en el último año; no sólo contra el Gobierno. El Gobierno ha apoyado a la CICIG, como lo hizo el Gobierno anterior, de centroderecha.
La CICIG es una comisión ideada por la sociedad civil guatemalteca y aprobada por todas las fuerzas políticas en el Congreso. Funciona desde hace un año y medio con financiamiento europeo y estadounidense e investigadores latinoamericanos y españoles y ha empezado con acusaciones directas a narcotraficantes, ex militares e incluso un ex fiscal de delitos contra la vida.
Para complicar más el caso Rosenberg, salió a luz que no sólo el periodista Mario David García estuvo en la sala en la que Rosenberg grabó el video. Luis Mendizábal, otro asesor del Presidente Colom con un pasado militar cuestionable, tuvo el video desde el viernes antes del asesinato y se encargó de repartir 150 copias en el entierro.
La crisis política no será fácil de superar. Se trata del asesinato de un prestigioso abogado crítico con el Gobierno y miembro de la élite económica, que acusa de su propio asesinato a la mano derecha del Presidente –que es hermano del Presidente del Congreso- y al mismo Presidente de haberlo avalado. La convivencia parece imposible y Ciudad de Guatemala puede ser la próxima Caracas o La Paz o Managua.
El margen de maniobra es mínimo para ambos. El Presidente Colom no puede mantener a Alejos y a Valdés en su despacho y no puede interferir en la investigación de la CICIG –pues es un sospechoso más-. Y la élite económica y la opinión pública capitalina tienen que neutralizar a sus miembros más radicales que piden un golpe de Estado. El país no saldrá del atolladero sin ayuda internacional. La investigación independiente de la CICIG –que necesita más que nunca apoyo europeo y estadounidense- y la intervención de la misión de la OEA que ha pedido el canciller Rodas pueden ser la única salida.
Martín Rodriguez es asistente de investigación del área de Paz y Seguridad en FRIDE.
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