martes, 4 de diciembre de 2007

No somos generationnext

http://www.prensalibre.com/pl/2007/diciembre/04/189507.html

Las reflexiones que acompañan el cumplir 25 años como guatemalteco en este planeta del año 2007 d. C. -y las indignaciones por la indemnización parlamentaria (que dudo que se quiten) y por el último lugar en el índice de desarrollo humano- me incitan a reivindicar a nuestra generación de jóvenes.

A ver, yo alcancé mi mayoría de edad digamos que el 14 de enero del año 2001, con 18 años, y a un mes de empezar a trabajar como aprendiz de reportero. Eran tiempos del inicio del FRG-portillismo, de la decepción porque la paz no rendía los frutos por el “desgobierno” y el “des-sistema”, por el crack del café, y cuando las mafias encontrarían la puerta abierta en el país.

Sólo he vivido el México del Partido Acción Nacional, de Vicente Fox y Felipe Calderón (cuya política estatal hacia Centroamérica es militarizar la frontera y criminalizarnos como ellos aborrecen que los criminalicen en EE.UU., para reafirmar su identidad de norteamericanos y no sucios latinos). Sólo he vivido el EE.UU. de W. Bush (no hace falta describir cómo se ha paseado en el mundo).

Son tiempos en los que los de la generación de mis padres (no quiere decir mis padres) fracasan en convencernos cuando nos dicen: “Ay, de patojo sos incendiario y, de viejo, apaga-fuegos”. Tenemos tanto acceso a la información que, si no nos convence lo que dicen, podemos googlearlo. Por primera vez en 50 años, una generación guatemalteca puede cuestionar el racismo y la desigualdad, sin que una parte de la población le diga comunista y lo haga merecedor de la cárcel, el exilio o la muerte.

Tiempos lejanos de Guerra Fría y la etapa de yihad islámica, que llegó hasta Nueva York, y la invasión a Irak y esa matansinga como las de África y Colombia o las urbes tercermundistas. Tiempos en que el Consenso de Washington (de liberar las economías latinoamericanas) es un fracaso admitido por casi todos los neoliberales, a excepción de nuestros paladines guatemaltecos. Son tiempos en los que el Big Brother y el Latin American Idol son los referentes de éxito. En los que se hacen hits musicales de ring-tones, en los que YouTube, MSN, Hi5 o Facebook son mucho más parte de la identidad urbana que la marimba, casi que de ir a misa o almorzar en casa.

Creo que los viejos (sí, 40 años, viejos) no se dan cuenta de que somos menos manipulables, de que somos un poquito más ciudadanos del mundo gracias a la universalización de la información con los cibercafés. Que podemos tener juicios críticos. Por ejemplo, no nos basta con que nos digan que Hugo Chávez es el demonio y que por un misterio indescifrable ha ganado como seis elecciones democráticas. Es un fascista, pero ha ganado por políticas sociales para los pobres que antes los otros gobiernos no hacían. Entonces, a Chávez tienen que vencerlo los venezolanos con opciones políticas que redistribuyan los excesos que deja el petróleo, pero sin convertir al países en un Estado monopersonal, sino en una república democrática. ¡Y qué bueno que perdió el domingo!

Mi generación votó contra Efraín Ríos Montt en el 2003 y contra Otto Pérez Molina en el 2007. Y espera que Álvaro Colom no sea sólo “el presidente de los pobres”, sino que empiece a convertir a Guatemala en un país viable y más digno, en donde uno de cada 10 guatemaltecos no tenga que irse al Norte para poder comer dignamente.

En fin, desde esta tribuna quiero recordarles a los viejos que tienen el poder político, económico y cultural -los que nacieron en la década de 1950, guatemaltecos, fueron jóvenes durante el peor período de la historia nacional (el quinquenio negro de 1978 al 83), y que ahora se debaten entre el conservadurismo neoliberal y una “socialdemocracia” conservadora-, quiero recordarles que nos dejan un país que no nos gusta, que es inhabitable. Que el país está mejor que el que recibieron, pero que es una vergüenza latinoamericana y mundial, el más desigual, el más racista del continente, con los peores índices de desarrollo humano.

Quizás ustedes deberían pensar de nuevo si no se convirtieron en apaga-fuegos demasiado temprano, quizás allá por sus 25 años. Espero que no los imitemos y que nuestros hijos, dentro de 25 ó 30 años, puedan escribir algo distinto en estas u otras tribunas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En tu caso se aplica aquello del vino cuanto más viejo, más bueno.
Madrileña en Babylone.

Altair dijo...

Aunque no soy guatemalteca, como latinoamericana te leo con orgullo y me identifico con lo que escribes.. y espero, al igual que tu, que nuestros hijos no tengan que decir lo mismo de nosotros....el problema es que muchos solo hemos aprendido a ser apaga-fuegos!.