sábado, 16 de mayo de 2009

(Crisis8). El mayor desestabilizador: el Gobierno de Colom

Cuando empezó esta crisis política por el caso Rosenberg-Musa, lo que más me preocupaba eran los golpistas. Ahora que escribo estas líneas lo que más me preocupa es el gobierno de Álvaro Colom y su reacción populista. Es el Gobierno el que está siendo el mayor desestabilizador del país.

A ver. No creo que el asesinato –que es un asesinato, no una pantomima complotista, es un asesinato- haya sido ordenado o con la venia del presidente Colom. Sin embargo, los dos principales sospechosos del asesinato son Gustavo Alejos y Gregorio Valdés, quienes –según el asesinado Rosenberg- lo amenazaron de muerte por investigar el caso Musa y el escándalo Banrural. Y el presidente Colom está hipotecando la misma supervivencia del Gobierno al defender a estos dos tipos a capa y espada (traducción: defenderlos de que la CICIG los investigue).

El Gobierno de Álvaro Colom está contra las cuerdas. Un Gobierno que no es, por ejemplo, como el de Berger, con apoyo fuerte de la élite económica y la opinión pública capitalina; o el de Portillo, con apoyo fuerte del Ejército o de las clases populares al inicio del mandato (lo eligió 70 por ciento en segunda vuelta, distinto al 51 por ciento de Colom); o el de Arzú… Éste Gobierno de Colom no tiene masas que lo apoyen o un sector fuerte detrás de él (¿o me dirán la UASP representará a más de 100 sindicalistas?).

Respuesta socialdemócrata versus respuesta populista

El Gobierno de Álvaro Colom afrontó esta crisis solo, muy solo. Y con la enorme responsabilidad de mantener a flote al Estado. Y en vez de sacar su cara más socialdemócrata –si es que la tuvo- y responder como lo hubieran hecho sus admirados Lula o Bachelet, está sacando su cara más populista y está respondiendo como respondería Chávez o Daniel Ortega. Sí, señor Presidente, está rebajándose a ser un Daniel Ortega versión guatemalteca.

Al inicio de la crisis –el lunes-, las fuerzas políticas opositoras vacilaban entre pedir la renuncia de Colom y una investigación seria en la CICIG o sólo lo segundo. Todos –CACIF, partidos, medios de comunicación, todos menos el Partido Patriota y algunos ciudadanos- se inclinaron por lo segundo. No porque el Gobierno se muestre fuerte, por convicción. Bien hecho.

Asustado, tomando sus decisiones con mucho miedo, el Gobierno creyó que todos apostarían por lo primero. No. La inmensa mayoría de guatemaltecos no queremos un golpe de Estado. Estamos hartos de Golpes de Estado.

El Gobierno pensó entonces que tenía que demostrar fuerza. Y entonces fue a la OEA a pedir solidaridad hemisférica. Bien. Hay que pedirla. Pero no diciendo que “éste es un Gobierno que lucha por los pobres” y diciendo entre pasillos que todo se deriva de una conspiración de la extrema derecha (sin que la CICIG haya investigado antes). Argumentar esto se llama populismo.

Además que confunde una animadversión de la extrema derecha con el Gobierno con otro enfrentamiento más profundo que se cruza: el de la sociedad civil, el Estado y la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) contra las mafias incrustadas en el sistema de justicia y de seguridad. Estas mafias –en ocasiones de ex militares de extrema derecha, en ocasiones de narcotraficantes- han llevado campañas de desestabilización contra el Estado en el último año; no sólo contra el Gobierno. El Gobierno ha apoyado a la CICIG, como lo hizo el Gobierno anterior, de centroderecha.

Además de la llamada de auxilio internacional, el Gobierno pensó en acarrear gente utilizando sus redes clientelares y presionando el botón del populismo y el resentimiento: “toda la crisis se trata de una guerra de los ricos contra los pobres”. ¿Se dan cuenta el riesgo en el que pusieron esta semana al enfrentar las dos manifestaciones sin presencia policial? ¿Se dan cuenta? ¿O los obnubila su fobia a las desestabilizaciones? ¿Cree que una manifestación librará a su más cercano círculo de una investigación de la CICIG?

Ante una acusación grave de asesinato a su secretario privado y a su asesor, con su venia, la respuesta del presidente Colom ha sido movilizar redes clientelares (no me digan que el diputado Simón de San Marcos va a traer a algún ciudadano que haya visto el video) y culpar de todo a Pérez Molina. ¡Por favor! A mí no me parece correcta la petición de Pérez Molina de pedir la renuncia del presidente Colom -que ejerce su rol de opositor-, pero culparlo a él ahora de desestabilización me parece una burla a la inteligencia de la ciudadanía.

Esto no es lo más malo y peor. La excesiva aplicación sobre la ley de pánico financiero... bueno, quizás es pasable porque si se tratara de un mensaje contra algún banco grande lo aplicarían. Pero esa aberración de la PGN sobre que quien apoye o difunda el video de Rosenberg comete apología del delito… es una aberración. Es un chavismo. Un orteguismo.

Alguna luz de esperanza

Dentro de todo, creo que hay algún punto para estar tranquilo. El primero es el despertar al ejercicio de derechos políticos de ciudadanía de una gran parte de los capitalinos –clase media principalmente, pero no sólo-. El segundo es que el vicepresidente Espada está jugando el rol de mediador que tiene que jugar. Muy bien. Si alguien puede salvar esta crisis políticas y servir de mediador entre todos, es él. La historia de Guatemala le ha dado un lugar, que puede aprovechar o no.

Otro signo de esperanza es la Corte de Constitucionalidad y su respaldo al derecho de manifestar y su advertencia al Gobierno de respetar el orden constitucional.

Los ciudadanos deben manifestarse, con fuerza y con ganas de paz y de justicia (y no me digan que ese ya es un discurso desestabilizador). Y el Gobierno no puede impedirlo. “No podemos tirar por la borda 50 años esperando democracia”, repite el presidente Colom. Ah, noticias para él: Sus respuestas chavistas de acarrear gente o amenazar con apología del delito lo colocan más cerca de un fascista que de un demócrata.

El Gobierno no puede mantenerse como si no pasara nada o como si todo fuera una conspiración del Partido Patriota y el CACIF. No. Tiene que responder ante acusaciones serias de tres asesinatos, expulsar a Alejos y Valdés y dejar que la CICIG investigue a todo el mundo –sin presiones populistas como estas manifestaciones clientelares-. Si no, olvídese de que la capital lo dejará seguir gobernando al país. Por simple lógica política, por simple lógica ciudadana.

2 comentarios:

Maru Luarca dijo...

Atinado. Como siempre. No me canso de leerte.

Anónimo dijo...

hey me parece bueno tus articulo viste ya quien esta detras de esto mendizabal y garcia