http://www.prensalibre.com/pl/2008/abril/29/233715.html
LA FOTO PARECÍA una caricatura, y de las malas. Una turba de policías municipales de Tránsito (PMT), con uniformes, insignias, cascos, las carotas destapadas sin ninguna vergüenza, a plena luz, apaleando a agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) que habían detenido a un agente de la Policía Municipal de Tránsito por atropellar a un ciudadano.
“Es que se lo querían llevar contra su voluntad”, tuvo la desfachatez de argumentar Amílcar Montejo, vocero de la PMT. ¿Creen que somos tan estúpidos e indiferentes? Intento utilizar todo lo que tengo en la cabeza, todo el razonamiento abstracto que aprendí en matemáticas, algún diccionario… ¿qué les pasa por la cabeza a estos agentes de Tránsito? ¿Qué le pasa por la cabeza al vocero de Arzú? ¿Qué le pasa por la cabeza a Arzú? ¿Qué ciudad quieren heredar?
Hace años, cuando me pusieron mi primera multa de tránsito por meterme contra la vía, cuando miraba que les ponían multas a los irresponsables que no se ponían cinturón de seguridad (porque después la comunidad desperdicia recursos en ellos, al tener que activar el sistema de ambulancia, médicos…), cuando no escuchaba nunca una historia de mordidas a estos agentes, cuando les fueron a poner cepo a los carros de los diputados e incluso le pusieron cepo al director de la PMT por haberse estacionado mal, para poner un cepo… era casi un orgullo capitalino la PMT.
El tiempo pasó y el unionismo arzuísta se fue volviendo menos institucional y más cavernícola. Supongo que los PMT pensaron que si a su jefe máximo no le pasaba ley por encima, no les podría exigir lo mismo. Si su jefe era un prepotente, ellos también podían serlo. Si su jefe no tiene oposición política, ellos tampoco. Y si puede tener una oficina de espionaje, ¿por qué no un cuerpo policial que haga lo que le da la gana?
Como ciudadano, esperaría que al menos el jefe de la PMT facilitase los datos de los tumultuosos, para que la PNC y el Organismo Judicial actúen. Esperaría que el fiscal general asigne a un fiscal chispudo para llevar este caso y rescatar dignidad ciudadana. A ver si el presidente Colom lo deja.
OTRO QUE HIZO gala de la lógica fue del presidente. “La Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad (SAAS) es para darle seguridad al presidente y su familia, no para proteger a ciudadanos particulares”, argumentaron, para quitarle la seguridad a Helen Mack. Chulos. ¿Y la orden de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de garantizarle la seguridad, porque es una valiente que ha desafiado a la impunidad de nuestro sistema? Bien, gracias.
Si quieren ahorrar policías, ¿por qué no dejan de usarlos para cuidar embajadas que pagan seguridad privada o para mandar recados del sistema judicial? Si quieren ahorrar agentes de la SAAS, ¿por qué no quitar algunos que tienen como deporte golpear a periodistas? Si quieren ahorrar plata, ¿por qué no se va el presidente en un avión comercial a Brasil y de paso deja de eclipsar con nimiedades viajes importantes?
Cuando el ex presidente Berger metía la pata, a muchos nos quedaba el consuelo que Stein podría hacerlo recapacitar. Con el presidente Colom creíamos que al menos no iba a cometer gazapos cada dos por tres.
Después de que el Estado fuera la amenaza mayor para los ciudadanos (décadas de 1970-1980), su ausencia ahora nos dejó desprotegidos. Así, Guatemala no es un Estado fallido. Es un Estado autoritario derrotado, en un país que intenta construir un Estado democrático; construyámoslo. De estas dos vergüenzas podemos sacar algo bueno. Los cinco PNC que intentaron cumplir con su labor abonaron en recuperar un granito de arena de confianza ciudadana, y ahora le toca al sistema judicial. ¿Algún asesor podría asesorar a Colom?
martes, 29 de abril de 2008
martes, 22 de abril de 2008
Ética e impuestos (ventajas fiscales para Pepsi)
http://www.prensalibre.com/pl/2008/abril/22/232204.html
A la discusión sobre cómo recaudar de otras fuentes que no sea un impuesto a la gasolina podríamos pensar en reformar la ley de maquila, con la que grandes empresas dejan de pagar impuestos “legalmente” y logran que el Estado deje de percibir más de lo que invierte en seguridad y salud juntos.
He recibido un correo de aclaración que me servirá para explicarme mejor sobre el tema. José Raúl González, vicepresidente de Finanzas de Embotelladora La Mariposa, me hizo ver un error que cometí al afirmar que está demostrado que empresas que no tienen nada que ver con maquilas, como Embotelladora La Mariposa, Kellog’s, Kern’s o Zacapa Centenario, usan la ley de maquila para evitar “legalmente” pagar impuestos.
Embotelladora La Mariposa, escribió González, “se ha convertido en un importante exportador de bebidas carbonatadas a Centroamérica y el Caribe. Desde nuestra planta en la Ciudad de Guatemala importamos concentrado, plástico, etiqueta, lata y otros muchos materiales que convertimos en producto terminado (maquila) y exportamos a los destinos anteriores. Todo ello, debidamente documentado y fiscalizado por la SAT para el fiel cumplimiento de las leyes respectivas. Es decir, no existe la tal evasión legal”. Ciertamente, la ley 29-89 define maquila como la importación de materia prima para su conversión en producto terminado y exportación, y —así sí— hacen maquila.
Debí haberme expresado mejor, porque lo que quiero transmitir al debate fiscal es que empresarios (y no señalo a Pepsi) presionaron para retorcer el espíritu de la ley 29-89 con la reforma 38-04, para que dejaran de pagar muchos impuestos más —o se logró por el “buen juicio de los diputados”, tras una campaña electoral en la que se endeudaron—. La ley 29-89 buscaba atraer inversión extranjera y fomentar nuevas industrias.
No es que La Mariposa “se haya convertido en un gran exportador” a Centroamérica. Es que hasta el año 2004 esa ley no consideraba que las ventas a Centroamérica fueran exportaciones (con mayor razón ahora que están abiertas las aduanas con El Salvador y Honduras). Antes de esa reforma se exigía que el 51 por ciento de la producción fuera para exportación, con el objetivo de evitar que las empresas no fueran a importar cien manzanas y usar solo dos en exportación de jugo de manzana, y así pidieran que se les exonerara de impuestos por importar cien manzanas. Esto es lo que muchas hacen.
La reforma 38-04 exoneró a las empresas de tributar por importar y consumir fuel oil, butano, propano y búnker. Mientras, el resto de empresas y ciudadanos tenemos que seguir pagando. Tres años después de la ley, éramos el último lugar en atraer inversiones en Centroamérica. ¿Qué ética hay en no cobrar impuestos a megaempresas, como Pepsi, para que inviertan? Y 60 por ciento de las 518 empresas “maquiladoras” no habían exportado nada en 2006, o sea, evadían.
Basta ya de la lógica de “que paguen otros, pero yo no pago si el Estado los roba". Pagamos porque somos ciudadanos, y como ciudadanos exigimos que se inviertan transparente y eficientemente los recursos, para que los más débiles tengan más oportunidades y acceso a servicios. Porque después reclamamos todos que la justicia funcione, que no haya desnutrición, que se contrate a buenos funcionarios que no vayan a robar... Y como ciudadanos debemos exigir probidad y ética, no solo al sector público, sino al sector privado, como en cualquier país desarrollado.
martinpellecer@gmail.com
A la discusión sobre cómo recaudar de otras fuentes que no sea un impuesto a la gasolina podríamos pensar en reformar la ley de maquila, con la que grandes empresas dejan de pagar impuestos “legalmente” y logran que el Estado deje de percibir más de lo que invierte en seguridad y salud juntos.
He recibido un correo de aclaración que me servirá para explicarme mejor sobre el tema. José Raúl González, vicepresidente de Finanzas de Embotelladora La Mariposa, me hizo ver un error que cometí al afirmar que está demostrado que empresas que no tienen nada que ver con maquilas, como Embotelladora La Mariposa, Kellog’s, Kern’s o Zacapa Centenario, usan la ley de maquila para evitar “legalmente” pagar impuestos.
Embotelladora La Mariposa, escribió González, “se ha convertido en un importante exportador de bebidas carbonatadas a Centroamérica y el Caribe. Desde nuestra planta en la Ciudad de Guatemala importamos concentrado, plástico, etiqueta, lata y otros muchos materiales que convertimos en producto terminado (maquila) y exportamos a los destinos anteriores. Todo ello, debidamente documentado y fiscalizado por la SAT para el fiel cumplimiento de las leyes respectivas. Es decir, no existe la tal evasión legal”. Ciertamente, la ley 29-89 define maquila como la importación de materia prima para su conversión en producto terminado y exportación, y —así sí— hacen maquila.
Debí haberme expresado mejor, porque lo que quiero transmitir al debate fiscal es que empresarios (y no señalo a Pepsi) presionaron para retorcer el espíritu de la ley 29-89 con la reforma 38-04, para que dejaran de pagar muchos impuestos más —o se logró por el “buen juicio de los diputados”, tras una campaña electoral en la que se endeudaron—. La ley 29-89 buscaba atraer inversión extranjera y fomentar nuevas industrias.
No es que La Mariposa “se haya convertido en un gran exportador” a Centroamérica. Es que hasta el año 2004 esa ley no consideraba que las ventas a Centroamérica fueran exportaciones (con mayor razón ahora que están abiertas las aduanas con El Salvador y Honduras). Antes de esa reforma se exigía que el 51 por ciento de la producción fuera para exportación, con el objetivo de evitar que las empresas no fueran a importar cien manzanas y usar solo dos en exportación de jugo de manzana, y así pidieran que se les exonerara de impuestos por importar cien manzanas. Esto es lo que muchas hacen.
La reforma 38-04 exoneró a las empresas de tributar por importar y consumir fuel oil, butano, propano y búnker. Mientras, el resto de empresas y ciudadanos tenemos que seguir pagando. Tres años después de la ley, éramos el último lugar en atraer inversiones en Centroamérica. ¿Qué ética hay en no cobrar impuestos a megaempresas, como Pepsi, para que inviertan? Y 60 por ciento de las 518 empresas “maquiladoras” no habían exportado nada en 2006, o sea, evadían.
Basta ya de la lógica de “que paguen otros, pero yo no pago si el Estado los roba". Pagamos porque somos ciudadanos, y como ciudadanos exigimos que se inviertan transparente y eficientemente los recursos, para que los más débiles tengan más oportunidades y acceso a servicios. Porque después reclamamos todos que la justicia funcione, que no haya desnutrición, que se contrate a buenos funcionarios que no vayan a robar... Y como ciudadanos debemos exigir probidad y ética, no solo al sector público, sino al sector privado, como en cualquier país desarrollado.
martinpellecer@gmail.com
martes, 15 de abril de 2008
Vanguardia, pero... (en este país no hay tiempo para celebrar)
http://www.prensalibre.com/pl/2008/abril/15/231130.html
El doble de años de cárcel cuando se ata- que a las mujeres en el marco de relaciones desiguales de poder por género, que sea delito la negación de acceso a métodos anticonceptivos, que se proteja a las mujeres de la violencia psicológica y económica… esa ley debería tenernos orgullosos a los guatemaltecos.
Las mujeres —porque esta ley ha sido producto de su lucha— han logrado que los diputados nos coloquen en una vanguardia latinoamericana en la protección legal de estos derechos sociales. Sí, la primera duda es que la ley no se aplicará, pero lo importante es que la ley busca corregir una realidad, obligarnos a cambiar comportamientos, pero sobre todo, en América Latina positivista, en la que lo justo en los tribunales es únicamente lo que dice la ley, esta norma será una herramienta de defensa para las mujeres.
Como en este país no nos damos tiempo para celebrar nuestras pequeñas victorias —aunque siempre hay tiempo para llorar nuestras pequeñas derrotas—, pensemos en la siguiente tarea para seguir dando herramientas de defensa para que los ciudadanos puedan ejercitar mejor su ciudadanía y puedan así vivir una vida más feliz. Los diputados tienen de nuevo uno de los balones más importantes en su cancha.
Después del golpe público por el asesinato de Víctor Rivera, todos, casi por consenso tácito, nos resignamos a pedir que investigue el Ministerio Público (sin apoyo del equipo de Rivera, por cierto, ni tampoco de nadie más) y esperar a lamentarnos que quede impune. Bueno, ¿cuál es un denominador de la impunidad que podemos cambiar con voluntad política? La Ley de Amparo.
Si no se reforma la Ley de Amparo —que ya habían acordado el año pasado los partidos, pero los diputados abogaduchos de cada bancada la bloquearon, en un santiamén, en una reunión de cinco minutos en el hemiciclo—, seguirá siendo imposible alcanzar la justicia.
¿Queremos entrarles a los poderes paralelos y a la mafia del narcotráfico? Saquémoslos de la política y de la economía. Construyamos las herramientas para transparentar la política: la Ley de Libre Acceso a la Información y las herramientas para que el Tribunal Supremo Electoral fiscalice y penalice a los partidos y a los candidatos a diputados y alcaldes que oculten sus cuentas y financistas.
Saquémoslos de la economía. Allí está la iniciativa contra el enriquecimiento ilícito. Transparentemos las sociedades anónimas y que las acciones no puedan ser “al portador”, porque el mayor beneficiado no es “a quienes no secuestren”, sino a quienes quieren lavar dinero o no pagar impuestos o robar dinero público.
Es que cada uno tenemos que do our homework, hacer nuestra tarea en casa. Como país tenemos que limpiar la política y la economía. Es que no solo tenemos que mejorar más —porque lo hacemos muy lentamente— en el Índice de Transparencia Internacional, por la falta de transparencia pública; el sector privado también: al banco más grande del país no lo dejaron abrir sucursales en Estados Unidos, porque tenía acciones sin transparentar.
Y nos cuesta, nos hacemos bolas, pero tengamos un poco de autoestima, todos. Exijamos, pero aportemos. Que tengamos muchas tareas pendientes puede dar para fatalismos, pero también podemos ilusionarnos sobre todo lo que podemos construir.
martinpellecer@gmail.com
El doble de años de cárcel cuando se ata- que a las mujeres en el marco de relaciones desiguales de poder por género, que sea delito la negación de acceso a métodos anticonceptivos, que se proteja a las mujeres de la violencia psicológica y económica… esa ley debería tenernos orgullosos a los guatemaltecos.
Las mujeres —porque esta ley ha sido producto de su lucha— han logrado que los diputados nos coloquen en una vanguardia latinoamericana en la protección legal de estos derechos sociales. Sí, la primera duda es que la ley no se aplicará, pero lo importante es que la ley busca corregir una realidad, obligarnos a cambiar comportamientos, pero sobre todo, en América Latina positivista, en la que lo justo en los tribunales es únicamente lo que dice la ley, esta norma será una herramienta de defensa para las mujeres.
Como en este país no nos damos tiempo para celebrar nuestras pequeñas victorias —aunque siempre hay tiempo para llorar nuestras pequeñas derrotas—, pensemos en la siguiente tarea para seguir dando herramientas de defensa para que los ciudadanos puedan ejercitar mejor su ciudadanía y puedan así vivir una vida más feliz. Los diputados tienen de nuevo uno de los balones más importantes en su cancha.
Después del golpe público por el asesinato de Víctor Rivera, todos, casi por consenso tácito, nos resignamos a pedir que investigue el Ministerio Público (sin apoyo del equipo de Rivera, por cierto, ni tampoco de nadie más) y esperar a lamentarnos que quede impune. Bueno, ¿cuál es un denominador de la impunidad que podemos cambiar con voluntad política? La Ley de Amparo.
Si no se reforma la Ley de Amparo —que ya habían acordado el año pasado los partidos, pero los diputados abogaduchos de cada bancada la bloquearon, en un santiamén, en una reunión de cinco minutos en el hemiciclo—, seguirá siendo imposible alcanzar la justicia.
¿Queremos entrarles a los poderes paralelos y a la mafia del narcotráfico? Saquémoslos de la política y de la economía. Construyamos las herramientas para transparentar la política: la Ley de Libre Acceso a la Información y las herramientas para que el Tribunal Supremo Electoral fiscalice y penalice a los partidos y a los candidatos a diputados y alcaldes que oculten sus cuentas y financistas.
Saquémoslos de la economía. Allí está la iniciativa contra el enriquecimiento ilícito. Transparentemos las sociedades anónimas y que las acciones no puedan ser “al portador”, porque el mayor beneficiado no es “a quienes no secuestren”, sino a quienes quieren lavar dinero o no pagar impuestos o robar dinero público.
Es que cada uno tenemos que do our homework, hacer nuestra tarea en casa. Como país tenemos que limpiar la política y la economía. Es que no solo tenemos que mejorar más —porque lo hacemos muy lentamente— en el Índice de Transparencia Internacional, por la falta de transparencia pública; el sector privado también: al banco más grande del país no lo dejaron abrir sucursales en Estados Unidos, porque tenía acciones sin transparentar.
Y nos cuesta, nos hacemos bolas, pero tengamos un poco de autoestima, todos. Exijamos, pero aportemos. Que tengamos muchas tareas pendientes puede dar para fatalismos, pero también podemos ilusionarnos sobre todo lo que podemos construir.
martinpellecer@gmail.com
martes, 8 de abril de 2008
Modelo para el mundo / Brasil
En la revista The Economist de hace dos semanas, la sección de América Latina dedicó una de sus cinco páginas a nuestro país y a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). El artículo, titulado “Una prueba de voluntad”, explicaba cómo la mafia había descubierto que una manera “fácil” de desestabilizar a la Nación era asesinar a pilotos del transporte urbano; así como en Sao Paulo, Brasil, la mafia local había descubierto que el modo era explotarlos a control remoto desde las cárceles, o en México lo era corrompiendo estados. Después explicaba la titánica tarea de la Cicig y de Carlos Castresana, y tenía esta conclusión: más que la penosa situación de los 26 mil policías (mal pagados y mal equipados) en el país, lo que faltaba era voluntad. Aun así, la Cicig podía ser un ejemplo para el mundo sobre cómo rescatar sistemas rotos de justicia en países que intentan reconstruirse tras guerras civiles.
Ser una nación en posguerra, amenazada por las mafias y el narcotráfico en el intento de construir un Estado, no es una exclusividad guatemalteca. América Latina, África y Asia los cuentan por decenas. Que nosotros —guatemaltecos— hayamos pensado en una idea como esta Comisión Internacional, que nos hayan apoyado desde la Organización de las Naciones Unidas, que nos la hayan financiado y que los preocupados por buscar soluciones nos hayamos impuesto a los soberanistas (quienes se oponían porque decían que violaba la soberanía), nos debería tener con la frente en alto.
Si la Cicig logra resolver unos tres casos paradigmáticos contra las mafias y muestra que el sistema de justicia guatemalteco puede funcionar, y traslada la experiencia al Ministerio Público, habrá cumplido su labor. Y, además, seremos un modelo para el mundo.
MÁS QUE SOLO UNA declaración de buenas intenciones, el primer viaje presidencial a Brasil es el mensaje indicado para mandar a América Latina y Occidente. Brasil es el país exacto que escoger si queremos tener un nuevo amigo grande en política exterior.
Con problemas similares a los nuestros, independencia energética y política, con aspiraciones a formar parte en el futuro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y a “aumentar su influencia en el mundo”, y con ese peso económico (será la sexta economía del mundo este año), Brasilia es ya el contrapeso de Washington en el continente americano.
A diferencia de la agenda estadounidense de “libre comercio” y lucha contra el narcotráfico, la agenda con Brasil podría bien ser energética, cultural y de políticas sociales, en las que los brasileños tienen muchas experiencias exitosas.
Nuestra voz en el mundo, más que a través de Washington, puede estar mejor representada desde la voz de América Latina, y para eso tenemos que asirnos más de ese “hermano grande”, que nos mira mucho más horizontalmente.
Podría pensarse que México —que en otras épocas tanto ayudó a exiliados, refugiados y al proceso de paz— debería ser nuestra alternativa natural, pero su dependencia económica y política de EE. UU., el trato asqueroso que dan a nuestros compatriotas que emigran rumbo al norte y cómo han limitado su agenda para Centroamérica a cuidar la frontera, nos hacen pensar en otras latitudes, como Brasil; será un éxito del canciller Haroldo Rodas.
MAÑANA se llevará a cabo la segunda versión del Encuentro Nacional por la Primera Infancia, patrocinado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, a fin de elaborar una política nacional en la materia. Sería sensato que los actores políticos se empapen y aporten.
martinguatemala.blogspot.com
Ser una nación en posguerra, amenazada por las mafias y el narcotráfico en el intento de construir un Estado, no es una exclusividad guatemalteca. América Latina, África y Asia los cuentan por decenas. Que nosotros —guatemaltecos— hayamos pensado en una idea como esta Comisión Internacional, que nos hayan apoyado desde la Organización de las Naciones Unidas, que nos la hayan financiado y que los preocupados por buscar soluciones nos hayamos impuesto a los soberanistas (quienes se oponían porque decían que violaba la soberanía), nos debería tener con la frente en alto.
Si la Cicig logra resolver unos tres casos paradigmáticos contra las mafias y muestra que el sistema de justicia guatemalteco puede funcionar, y traslada la experiencia al Ministerio Público, habrá cumplido su labor. Y, además, seremos un modelo para el mundo.
MÁS QUE SOLO UNA declaración de buenas intenciones, el primer viaje presidencial a Brasil es el mensaje indicado para mandar a América Latina y Occidente. Brasil es el país exacto que escoger si queremos tener un nuevo amigo grande en política exterior.
Con problemas similares a los nuestros, independencia energética y política, con aspiraciones a formar parte en el futuro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y a “aumentar su influencia en el mundo”, y con ese peso económico (será la sexta economía del mundo este año), Brasilia es ya el contrapeso de Washington en el continente americano.
A diferencia de la agenda estadounidense de “libre comercio” y lucha contra el narcotráfico, la agenda con Brasil podría bien ser energética, cultural y de políticas sociales, en las que los brasileños tienen muchas experiencias exitosas.
Nuestra voz en el mundo, más que a través de Washington, puede estar mejor representada desde la voz de América Latina, y para eso tenemos que asirnos más de ese “hermano grande”, que nos mira mucho más horizontalmente.
Podría pensarse que México —que en otras épocas tanto ayudó a exiliados, refugiados y al proceso de paz— debería ser nuestra alternativa natural, pero su dependencia económica y política de EE. UU., el trato asqueroso que dan a nuestros compatriotas que emigran rumbo al norte y cómo han limitado su agenda para Centroamérica a cuidar la frontera, nos hacen pensar en otras latitudes, como Brasil; será un éxito del canciller Haroldo Rodas.
MAÑANA se llevará a cabo la segunda versión del Encuentro Nacional por la Primera Infancia, patrocinado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, a fin de elaborar una política nacional en la materia. Sería sensato que los actores políticos se empapen y aporten.
martinguatemala.blogspot.com
sábado, 5 de abril de 2008
Impuestos y gasolina...
http://www.prensalibre.com/pl/2008/abril/01/229143.html
La oposición de turno ha vuelto a pedir al gobierno de turno de que elimine el impuesto a la gasolina por el alza a los precios que logró cuadruplicar la invasión de EE. UU. a Irak. Es válido, pero debe ir acompañado —aprobación antes o el mismo día— de una respuesta en materia fiscal para tapar el agujero que dejará no recaudar esos fondos. ¿Qué discusión tiene al respecto el Congreso o tenemos los ciudadanos que discutimos?
Es que es muy fácil pedir la eliminación de impuestos o la baja de aranceles, y luego pedir al Estado que resuelva todo. Como cuando se ofrece en campaña eliminar el Impuesto Extraordinario y Temoral de Apoyo a los Acuerdos de Paz o bajar aranceles por un acuerdo comercial, pero no se toma en cuenta que eso generará menos recursos para el gasto social o el estado de Derecho.
Fueron los partidos principales que ahora tienen mayoría (uneístas, patriotistas y los que eran bergeristas) los que no llevaron una reforma plena contra la evasión y no exigieron a la banca o a los notarios informar al fisco sobre transacciones comerciales, como pedía Carolina Roca, de la Superintendencia de Administración Tributaria. ¿Por qué no continuar con esa reforma, cuya primera parte demostró que es una herramienta eficiente para mejorar la recaudación?
¿O por qué no se retoma el asunto de las exenciones fiscales que otorga la ley de maquila, de 1989? Está demostrado, con pruebas documentales oficiales, que empresas que no tienen que ver con maquilas o con importación de materia prima y exportación de manufacturas, y es utilizado por empresas como Embotelladora la Mariposa, Kellog’s, Kern’s o Zacapa Centenario (ver Prensa Libre, 11/12/06) para evitar “legalmente” pagar impuestos.
O podríamos, como país, adherirnos a la iniciativa de Naciones Unidas, del peruano Hernando de Soto y Madeline Albright, de incentivar el traslado, a la legalidad, de la economía informal o ciudadanos que no pagan impuestos por estar en tierras sin propiedad legal.
Creo que debemos afrontar el miedo a hablar de impuestos en Guatemala. El problema fiscal es transversal en el país, y si queremos construir un Estado digno de ese nombre —porque no tributan todos aquellos entre los que más tienen, o muchos de los que pueden, hacen como que son pobres (como los carteles de economía informal), lo que hace a la estructura injusta—.
El problema petrolero no es solo fiscal. Otras aristas son las de buscar sustitutos a petróleo, como biocombustibles o ahorros. Y el presidente Colom podría aprovechar su visita a Brasil para pedir que, a cambio de apoyos políticos, nos reconozcan como quinto productor mundial de azúcar y seamos parte de la iniciativa continental de fomento de biocombustibles entre Brasil y EE. UU. No sé si recuerdan, pero quedamos fuera porque El Salvador ganó el lugar centroamericano, al aportar soldados a la guerra de Irak.
La oferta de Petrocaribe, de petróleo chavista a mejores precios, debe analizarse y comparar, con precios en otros países, cuánto bajarían nuestros precios y a qué costo.
Y esto no va a dejar de suceder. O sea, nunca volveremos a los precios de petróleo de antes del 2003, o al menos no en la próxima década. Así que es mejor pensar en utilizar otras energías, no solo más limpias, sino con precios más estables.
El problema del petróleo puede parecer o ser uno sin solución, pero no nos queda más alternativa que ser ingeniosos y movernos.
La oposición de turno ha vuelto a pedir al gobierno de turno de que elimine el impuesto a la gasolina por el alza a los precios que logró cuadruplicar la invasión de EE. UU. a Irak. Es válido, pero debe ir acompañado —aprobación antes o el mismo día— de una respuesta en materia fiscal para tapar el agujero que dejará no recaudar esos fondos. ¿Qué discusión tiene al respecto el Congreso o tenemos los ciudadanos que discutimos?
Es que es muy fácil pedir la eliminación de impuestos o la baja de aranceles, y luego pedir al Estado que resuelva todo. Como cuando se ofrece en campaña eliminar el Impuesto Extraordinario y Temoral de Apoyo a los Acuerdos de Paz o bajar aranceles por un acuerdo comercial, pero no se toma en cuenta que eso generará menos recursos para el gasto social o el estado de Derecho.
Fueron los partidos principales que ahora tienen mayoría (uneístas, patriotistas y los que eran bergeristas) los que no llevaron una reforma plena contra la evasión y no exigieron a la banca o a los notarios informar al fisco sobre transacciones comerciales, como pedía Carolina Roca, de la Superintendencia de Administración Tributaria. ¿Por qué no continuar con esa reforma, cuya primera parte demostró que es una herramienta eficiente para mejorar la recaudación?
¿O por qué no se retoma el asunto de las exenciones fiscales que otorga la ley de maquila, de 1989? Está demostrado, con pruebas documentales oficiales, que empresas que no tienen que ver con maquilas o con importación de materia prima y exportación de manufacturas, y es utilizado por empresas como Embotelladora la Mariposa, Kellog’s, Kern’s o Zacapa Centenario (ver Prensa Libre, 11/12/06) para evitar “legalmente” pagar impuestos.
O podríamos, como país, adherirnos a la iniciativa de Naciones Unidas, del peruano Hernando de Soto y Madeline Albright, de incentivar el traslado, a la legalidad, de la economía informal o ciudadanos que no pagan impuestos por estar en tierras sin propiedad legal.
Creo que debemos afrontar el miedo a hablar de impuestos en Guatemala. El problema fiscal es transversal en el país, y si queremos construir un Estado digno de ese nombre —porque no tributan todos aquellos entre los que más tienen, o muchos de los que pueden, hacen como que son pobres (como los carteles de economía informal), lo que hace a la estructura injusta—.
El problema petrolero no es solo fiscal. Otras aristas son las de buscar sustitutos a petróleo, como biocombustibles o ahorros. Y el presidente Colom podría aprovechar su visita a Brasil para pedir que, a cambio de apoyos políticos, nos reconozcan como quinto productor mundial de azúcar y seamos parte de la iniciativa continental de fomento de biocombustibles entre Brasil y EE. UU. No sé si recuerdan, pero quedamos fuera porque El Salvador ganó el lugar centroamericano, al aportar soldados a la guerra de Irak.
La oferta de Petrocaribe, de petróleo chavista a mejores precios, debe analizarse y comparar, con precios en otros países, cuánto bajarían nuestros precios y a qué costo.
Y esto no va a dejar de suceder. O sea, nunca volveremos a los precios de petróleo de antes del 2003, o al menos no en la próxima década. Así que es mejor pensar en utilizar otras energías, no solo más limpias, sino con precios más estables.
El problema del petróleo puede parecer o ser uno sin solución, pero no nos queda más alternativa que ser ingeniosos y movernos.
viernes, 28 de marzo de 2008
País racista (mejor mestizos que ladinos)
http://www.prensalibre.com/pl/2008/marzo/25/227722.html
Recibimos con los brazos abiertos todas laspelículas, los productos de consumo y muchas veces los dictados políticos de EE. UU. Esta semana pasó algo allá que nos puede servir como pan para nuestro matate. Barack Obama, el candidato negro que encabeza las primarias demócratas, salió a hablar francamente de las relaciones entre blancos y negros, y les pidió a los ciudadanos afrontar el tema del racismo en su país, como no lo había hecho antes ningún político, según el New York Times. En su discurso habló, sin tapujos, de los resentimientos entre blancos y negros, de injusticias del pasado y la necesidad de evitar regresar cada uno a su esquina y para postergar la construcción de un país más justo. Es una apuesta complicadísima en un país con racistas y no racistas.
En Guatemala llevamos 10 años desde la última vez que debatimos sobre el racismo y sobre la nación (por construir) que tenemos. El debate para decidir si modificábamos la Constitución se descarriló hacia pasiones racistas y separatistas, y la mayoría se quedó en su trinchera para defender su pedacito de nación y de razón. Creo que tenemos que volver a debatirlo. El racismo es tan profundo en el país que muchos ni siquiera lo notan y menos intentan combatirlo. Somos uno de los países más atrasados en la materia en América Latina, construida con base en relaciones étnicas racistas.
La época es propicia. Desde México hasta Brasil, las sociedades están volviendo a criticarse a sí mismas por racistas. En Brasil ha habido proyectos interesantísimos que van más allá de las políticas de acción afirmativa en las universidades, y llegan a medir las representaciones de blancos y negros en las películas o las novelas, para demostrar cómo, a pesar de la “exitosa democracia racial”, siempre se reproducen en lo que forma el imaginario social los prejuicios sobre los roles que tienen que tener los negros. Por ejemplo, la mitad de los jóvenes negros que salen en novelas son ladrones o drogadictos o prostitutas, en comparación a una minoría blanca representada de esta manera.
El racismo ya no es admisible en casi ninguna discusión pública —aunque está presente en todas las conversaciones privadas a cualquier nivel económico—; ya se han empezado a cerrar bares racistas que no admitían indígenas, ya se enseña a uno de cada cinco niños indígenas en las escuelas públicas primero en su idioma materno y después en español, y ya puede hablarse en contra del racismo sin ser considerado un subversivo. Pero los indígenas siguen siendo los más pobres y con menos oportunidades, y el racismo se corta con machete cuando uno camina por las calles de todo el país. No podemos ser un país decente en el siglo XXI así.
No creo que con una bandera roji-amarilla-blanca-negra, junto a la azul y blanco, como quiere el Gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza, va a cambiar algo, aunque es un esfuerzo. Hay que pensar algo más dinámico. Por ejemplo, podríamos enterrar esa construcción racista del siglo XIX centroamericano que nos define a la mitad de la población como “no india” (ladina), en vez de describirnos como mestizos. En Guatemala, nos avergonzamos del componente indígena de nuestro mestizaje, y creamos esa identidad vacía. ¿Por qué no cambiamos la definición de una vez por todas para asuntos gubernamentales, encuestas, etcétera? Y nos volvemos a descubrir como guatemaltecos indígenas, mestizos y más. Los xincas pueden ser incluidos entre los indígenas, y quienes no se consideren ni guatemaltecos indígenas ni mestizos, como los garífunas o los más blancos, no tienen que pertenecer a ninguna de las dos.
Quizás así, rompiendo ese muro entre lo indígena y lo no indígena, podemos empezar a construir puentes que nos unan. Dos ideas son afrontar el racismo y redescubrirnos como mestizos.
Recibimos con los brazos abiertos todas laspelículas, los productos de consumo y muchas veces los dictados políticos de EE. UU. Esta semana pasó algo allá que nos puede servir como pan para nuestro matate. Barack Obama, el candidato negro que encabeza las primarias demócratas, salió a hablar francamente de las relaciones entre blancos y negros, y les pidió a los ciudadanos afrontar el tema del racismo en su país, como no lo había hecho antes ningún político, según el New York Times. En su discurso habló, sin tapujos, de los resentimientos entre blancos y negros, de injusticias del pasado y la necesidad de evitar regresar cada uno a su esquina y para postergar la construcción de un país más justo. Es una apuesta complicadísima en un país con racistas y no racistas.
En Guatemala llevamos 10 años desde la última vez que debatimos sobre el racismo y sobre la nación (por construir) que tenemos. El debate para decidir si modificábamos la Constitución se descarriló hacia pasiones racistas y separatistas, y la mayoría se quedó en su trinchera para defender su pedacito de nación y de razón. Creo que tenemos que volver a debatirlo. El racismo es tan profundo en el país que muchos ni siquiera lo notan y menos intentan combatirlo. Somos uno de los países más atrasados en la materia en América Latina, construida con base en relaciones étnicas racistas.
La época es propicia. Desde México hasta Brasil, las sociedades están volviendo a criticarse a sí mismas por racistas. En Brasil ha habido proyectos interesantísimos que van más allá de las políticas de acción afirmativa en las universidades, y llegan a medir las representaciones de blancos y negros en las películas o las novelas, para demostrar cómo, a pesar de la “exitosa democracia racial”, siempre se reproducen en lo que forma el imaginario social los prejuicios sobre los roles que tienen que tener los negros. Por ejemplo, la mitad de los jóvenes negros que salen en novelas son ladrones o drogadictos o prostitutas, en comparación a una minoría blanca representada de esta manera.
El racismo ya no es admisible en casi ninguna discusión pública —aunque está presente en todas las conversaciones privadas a cualquier nivel económico—; ya se han empezado a cerrar bares racistas que no admitían indígenas, ya se enseña a uno de cada cinco niños indígenas en las escuelas públicas primero en su idioma materno y después en español, y ya puede hablarse en contra del racismo sin ser considerado un subversivo. Pero los indígenas siguen siendo los más pobres y con menos oportunidades, y el racismo se corta con machete cuando uno camina por las calles de todo el país. No podemos ser un país decente en el siglo XXI así.
No creo que con una bandera roji-amarilla-blanca-negra, junto a la azul y blanco, como quiere el Gobierno de la Unidad Nacional de la Esperanza, va a cambiar algo, aunque es un esfuerzo. Hay que pensar algo más dinámico. Por ejemplo, podríamos enterrar esa construcción racista del siglo XIX centroamericano que nos define a la mitad de la población como “no india” (ladina), en vez de describirnos como mestizos. En Guatemala, nos avergonzamos del componente indígena de nuestro mestizaje, y creamos esa identidad vacía. ¿Por qué no cambiamos la definición de una vez por todas para asuntos gubernamentales, encuestas, etcétera? Y nos volvemos a descubrir como guatemaltecos indígenas, mestizos y más. Los xincas pueden ser incluidos entre los indígenas, y quienes no se consideren ni guatemaltecos indígenas ni mestizos, como los garífunas o los más blancos, no tienen que pertenecer a ninguna de las dos.
Quizás así, rompiendo ese muro entre lo indígena y lo no indígena, podemos empezar a construir puentes que nos unan. Dos ideas son afrontar el racismo y redescubrirnos como mestizos.
Lejos (estambul)
http://www.prensalibre.com/pl/2008/marzo/18/226056.html
Thank you, gracias, merci, danke. Nada. Ni por asomo se parece el turco a alguno de los idiomas occidentales. Así que, en medio del Estambul profundo, lo que cuentan son las sonrisas. La ex capital del Imperio Romano de Oriente, la ex capital del Imperio Otomano, esta ciudad turca que une Europa y Asia parecería haber existido siempre. No se le pueden poner adjetivos ni describirla al estilo novela o de una película. Así que intentaré ponerles letras a las fotos que he ido tomando con la cabeza. Una foto clave en el paisaje es la del cajero automático. Sí. Las tarjetas (de Banco Uno y Banco Industrial) no funcionan, a pesar de las peticiones de resolver el asunto. Así que Estambul, para un guatemalteco con una billetera casi vacía, imprime un pequeño grado de tensión que evita que estas líneas tengan un poco más de ritmo y yo las sienta con sabor a escalones, sí, y grises.
Pero bueno, pasemos a las fotos buenas. La primera es despertar a las 5 de la mañana por los cánticos con altoparlantes de las mezquitas, que recuerdan que es hora de rezar, como a mediodía y al atardecer. Para recordar que los buses de turistas en el centro y los carros Mercedes-Benz no hacen de esto un país que no sea musulmán. Otra foto es el Mekteb-i cafe, en Fatih, el Estambul profundo, sin turistas. En medio de un barrio con ruinas, apartamentos y tiendas que venden Döners y Colaturka, con hombres que podrían tener barbas tupidas pero las rasuran, vestidos con sacos y pantalones “occidentales” (gracias a la revolución de hace 85 años de Atatürk), niños que juegan, y que podrían parecer guatemaltecos mestizos de casi todo el país, y muchas mujeres con pañuelos en las cabezas, para evitar mostrar el pelo, o con túnicas negras que solo les permiten mostrar la cara o, en algunos casos, los ojos. Y a pesar de eso, muchas juegan sonrientes con sus hijos o en columpios.
En medio de esa imagen que podría ser de Beirut o Siria (según la película libanesa Caramel), hay un café de mesas de madera en la calle y dentro de un cuarto, adornado como una sala. Tiene manteles café claro, parecidos a los persas; tiene frutas de madera en el marco de las ventanas, y sirven té, turco y de manzana, con un sabor especial, como si estuviera hecho para que lo sintieran los poros de la lengua y se pudiera bien tomar con solo olerlo.
Fuera de la ventana, un viejo está sentado a una de las mesas, lleva puesto una especie de gorro cuadrado, de tela gris. Creo que lo más familiar a nosotros son los sombreros cuadrados rusos. Cuando nació, estas tierras musulmanas aún no eran de vocación occidental ni había guerras santas entre ambas civilizaciones. Tampoco había sido expulsada la mayor parte de griegos y judíos que quedaban en esta ciudad conquistada hace 500 años por los otomanos. Tiene una mirada serena, pero triste. Encajaría con la descripción nostálgica de Orhan Pamuk sobre su ciudad que fue capital de imperio, que construyó un nacionalismo cohesionador y puritano, y que ahora busca ser moderna y europea. Ciertamente lo es, al menos, la mitad de la ciudad.
Otra foto es en las ruinas de un fuerte otomano que da al Mar Negro, donde termina un mundo y empieza otro, y hay barcos que llevan a Rusia y otros que van al Mediterráneo. Otra foto es un atardecer que pinta la ciudad de rosado, la ciudad de casitas de callecitas mediterráneas, mezquitas majestuosas y edificios modernos, y una foto más es un mercado de especias que no se puede describir ni fotografiar, sino solo oler con los ojos cerrados cerca de los volcanes de colores, que parecen aserrín. Y así, lejos de Guatemala, es más difícil entender por qué nos comportamos entre nosotros como lo hacemos.
Thank you, gracias, merci, danke. Nada. Ni por asomo se parece el turco a alguno de los idiomas occidentales. Así que, en medio del Estambul profundo, lo que cuentan son las sonrisas. La ex capital del Imperio Romano de Oriente, la ex capital del Imperio Otomano, esta ciudad turca que une Europa y Asia parecería haber existido siempre. No se le pueden poner adjetivos ni describirla al estilo novela o de una película. Así que intentaré ponerles letras a las fotos que he ido tomando con la cabeza. Una foto clave en el paisaje es la del cajero automático. Sí. Las tarjetas (de Banco Uno y Banco Industrial) no funcionan, a pesar de las peticiones de resolver el asunto. Así que Estambul, para un guatemalteco con una billetera casi vacía, imprime un pequeño grado de tensión que evita que estas líneas tengan un poco más de ritmo y yo las sienta con sabor a escalones, sí, y grises.
Pero bueno, pasemos a las fotos buenas. La primera es despertar a las 5 de la mañana por los cánticos con altoparlantes de las mezquitas, que recuerdan que es hora de rezar, como a mediodía y al atardecer. Para recordar que los buses de turistas en el centro y los carros Mercedes-Benz no hacen de esto un país que no sea musulmán. Otra foto es el Mekteb-i cafe, en Fatih, el Estambul profundo, sin turistas. En medio de un barrio con ruinas, apartamentos y tiendas que venden Döners y Colaturka, con hombres que podrían tener barbas tupidas pero las rasuran, vestidos con sacos y pantalones “occidentales” (gracias a la revolución de hace 85 años de Atatürk), niños que juegan, y que podrían parecer guatemaltecos mestizos de casi todo el país, y muchas mujeres con pañuelos en las cabezas, para evitar mostrar el pelo, o con túnicas negras que solo les permiten mostrar la cara o, en algunos casos, los ojos. Y a pesar de eso, muchas juegan sonrientes con sus hijos o en columpios.
En medio de esa imagen que podría ser de Beirut o Siria (según la película libanesa Caramel), hay un café de mesas de madera en la calle y dentro de un cuarto, adornado como una sala. Tiene manteles café claro, parecidos a los persas; tiene frutas de madera en el marco de las ventanas, y sirven té, turco y de manzana, con un sabor especial, como si estuviera hecho para que lo sintieran los poros de la lengua y se pudiera bien tomar con solo olerlo.
Fuera de la ventana, un viejo está sentado a una de las mesas, lleva puesto una especie de gorro cuadrado, de tela gris. Creo que lo más familiar a nosotros son los sombreros cuadrados rusos. Cuando nació, estas tierras musulmanas aún no eran de vocación occidental ni había guerras santas entre ambas civilizaciones. Tampoco había sido expulsada la mayor parte de griegos y judíos que quedaban en esta ciudad conquistada hace 500 años por los otomanos. Tiene una mirada serena, pero triste. Encajaría con la descripción nostálgica de Orhan Pamuk sobre su ciudad que fue capital de imperio, que construyó un nacionalismo cohesionador y puritano, y que ahora busca ser moderna y europea. Ciertamente lo es, al menos, la mitad de la ciudad.
Otra foto es en las ruinas de un fuerte otomano que da al Mar Negro, donde termina un mundo y empieza otro, y hay barcos que llevan a Rusia y otros que van al Mediterráneo. Otra foto es un atardecer que pinta la ciudad de rosado, la ciudad de casitas de callecitas mediterráneas, mezquitas majestuosas y edificios modernos, y una foto más es un mercado de especias que no se puede describir ni fotografiar, sino solo oler con los ojos cerrados cerca de los volcanes de colores, que parecen aserrín. Y así, lejos de Guatemala, es más difícil entender por qué nos comportamos entre nosotros como lo hacemos.
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